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Estilo Apache / Opinion
Presentación del último libro de Moulian
Buenas noches, ante todo quiero agradecer esta invitación a comentar el libro de Tomás. Cuándo Nelly Richard me escribió para proponérmelo, pensé que era un honor inmerecido, cuestión que me sigue pareciendo así. Pero también pensé y pienso que es una oportunidad placentera de dialogar con la propuesta de un autor que me es particularmente importante y querido. Importante porque Tomás Moulian viene haciendo aportes críticos significativos en Chile Actual, y desde posiciones que buscan dar cuenta de lo que han sido los proyectos de las izquierdas en esta enredada sociedad chilena, actualmente optando desde las administraciones centrales por opciones neoliberales, que la vida esta demostrando arcaicas y con posibilidades de cambiarlas, si las ciudadanas y los ciudadanos, como lo propone Moulian, nos hacemos cargo de esta responsabilidad que nos cabe.
Tomás, además me es muy querido, puesto que hemos compartido algún trazo de este camino de pensar y actuar desde las izquierdas, desde ya hace algunos años, y no siempre hemos coincidido en las apreciaciones y propuestas políticas, pero pienso, que seguimos coincidiendo en que nos situamos a la izquierda, no sólo por tener el corazón en esta posición, si no porque es la única posibilidad de seguir pensando en un futuro de justicia y democracia social.
También pienso que un libro es siempre un producto que hay que celebrar, sobre todo en estos tiempos en que la lectura en profundidad se ha transformado en un bien raro y que muy pocas personas pueden disfrutar su lectura en si misma, y no pensando en el tiempo invertido en ese gesto, o en el tiempo no dedicado a rentabilizar ese mismo tiempo. Creo además que habría que masificar la idea de Borges de que la lectura debe ser considerada como una fuente de felicidad y no como una carga, ya que el leer nos abre mundos de posibilidades y de pensamientos, desde un lugar, el que más nos acomode para su ejercicio. También el caballero de la Mancha en el siglo XVII, nos proponía la lectura como un remedio contra la melancolía, pensaba Don Quijote : “lea estos libros, y verá cómo le destierran la melancolía que tuviere y le mejoran la condición, si acaso la tiene mala.”
Y como este mundo y este país, tienen grandes malestares sociales y humanos, creo que el libro de Tomás viene a ser un granito de arena en esa búsqueda de la felicidad y la derrota de la melancolía.
Las Contradicciones del desarrollo político chileno entre 1920 y 1990, me parecen que encuentran un lugar de expresión determinante a través del pensamiento y la pluma de Tomás Moulian.
Desde los inicios del libro sabemos que viajaremos por la Historia chilena con una visión más porosa de lo que hasta ahora, han trasmitido historiadores, analistas sociales y políticos como las únicas posibles respecto a las resoluciones de conflictos en los sectores que se han construido así mismos como clase dominante en este país. Cito “Pese a las ostentosas apariencias de una autoridad fuerte, el resultado de esa estructuración de liderazgo personalizado dentro de un sistema político cerrado fue la fragilidad del poder” lo que por cierto discute con la idea de un poder fuerte autoritario expresado a través del presidencialismo y la unificación entonces de las clase dominante en torno a este. Y más bien nos abre interrogantes sobre la representación misma del poder que se ha construido la clase dirigente y que marca la sociedad chilena de forma casi inequívoca desde los albores de la Republica chilena. Entendiendo que en el origen de la democracia republicana del siglo XIX, el derecho a su ejercicio estaba acotado a hombres propietarios, lo que hacía que el ejercicio público de la política estuviera supeditado a estos sectores. La mayoría de la sociedad moderna, incluida la mitad más o menos de ella, las mujeres, quedaban así excluidas de facto del ejercicio de la política y de la posibilidad de proponer ideas y pensamientos respecto al tipo de sociedad que comenzaba a construirse. Es en estas contradicciones en el desarrollo de una sociedad Moderna que Moulian nos va esbozando el proceso social de la construcción y la expresión de la política desde estas perspectiva. Un ejercicio que él observa en un tiempo histórico de larga duración que permite pensar en contextos de procesos la Política y diferenciar así los proyectos políticos, ideológicos y culturales que se identifican en Chile. Pues como el mismo lo expresa “La interpretación del pasado ayuda a entender el presente y guiarse tentativamente en él” y que lo que el busca, y efectivamente nos ofrece, es la comprensión de un sentido histórico de esas etapas del desarrollo político chileno. Y consecuente con esto comparte con las lectoras y lectores una propuesta política, que como el mismo lo escribe, es una posibilidad de evaluar un futuro alternativo al del sistema mundo actual, conectado con la experiencia histórica que hizo suya la izquierda chilena.
Una izquierda que Moulian más bien define diversa, varias izquierdas, con orígenes y proyectos a veces coincidentes y a veces divergentes, cuestión que me parece fundamental para entender los procesos actuales de compromisos políticos de personas y/o proyectos de izquierda, pues nunca la izquierda ha sido ese monolitismo que algunos partidos y personas han querido reivindicar y otros combatir. Por ejemplo, la comprensión que algunas izquierdas participaron concientemente en la democratización e institucionalización del Estado chileno durante el siglo XX, como propuesta política de proyectos de emancipación social, es una antecedente que me parece relevante, más allá de mi opinión al respecto, para entender los intentos de una izquierda sobreviviente de esos proyectos emancipatorios en sus propuestas de acuerdos políticos con la Concertación. En ese sentido me pregunto, sobre la viabilidad política de una propuesta de esta naturaleza, cuándo el término de ese tipo de Estado y ese tipo de acuerdo fue rotundo: un golpe de Estado que instalo una dictadura que impuso una Constitución, la del 80, para resguardar los intereses de grupos políticos y económicos minoritarios legitimándose a sí mismos en el corazón de la actual institucionalidad chilena. Constitución que no hemos logrado cambiar por una democrática que de cuenta del país que hoy día disputamos en los actuales procesos sociales, políticos, ideológicos y culturales. Demás esta recordar lo que pasó en Honduras hace casi un mes, respecto al intento de ampliar la base democrática de una institucionalidad amarrada desde grupos económicos y políticos dominantes en el ejercicio del poder institucional.
Desde la formación del Estado chileno, y muy particularmente en el inicio del periodo que Tomás pone en discusión en este libro, el plantea que las organizaciones políticas eran entidades débiles, fragmentadas, pues se trataba de negociaciones de intereses de la clase dominante , que ejercían el poder económico del cuál dependía el poder político, y que el proceso de institucionalización del Estado y la democratización de la sociedad, ha sido un largo transitar contradictorio y negociado, que logró estabilizarse en un Estado de compromiso social que mantuvo, bien o mal, equilibrios políticos y sociales hasta 1973.
Si seguimos a Moulian en la idea del Estado de compromiso del Siglo XX, la clase dominante en sus diversas expresiones, conformaciones y reconformaciones, dependiendo del tiempo histórico que analicemos, tendió a resolver los conflictos de la política planteados por las crisis económicas por la violencia, por ejemplo, si tomamos el periodo que el denomina de Intentos de reforma e ilegalidad de la política y que lo sitúa entre 1891 y 1932, entre el que comprende lo que llama el periodo de oro del liberalismo político con un parlamentarismo extremo y de liberalismo económico ambiguo, ya que el Estado asumía un rol pasivo en su rol de recaudador y administrador. Nos dice Tomás, “El sistema político parlamentarista que se instituyó tenía posibilidades de funcionar, sin caer en lo que actualmente se llama crisis de gobernabilidad, en los periodos del auge exportador, cuando los recursos que el estado repartía podían abarcar un mayor número de beneficiarios cuando existía gran disponibilidad de divisas para financiar importaciones. Pero esa forma de ordenamiento político básicamente transaccional, de competencia por franquicias, no fue capaz de resistir la crisis de la economía salitrera que ya se empezaba a visualizar desde 1917″. (Si no fuera por las fechas y lo de economía salitrera, se podría pensar en un momento del desarrollo más próximo, ¿no les parece? Crisis que planteó entonces los límites de la democracia de entonces diría yo, y no como lo expresa Tomás, “graves defectos del régimen político del auge salitrero”, pues no es menor la denominación que hagamos de esta cuestión, ya que es allí donde la resolución del conflicto de intereses políticos y sociales es determinante para signar el tipo de estado y las formas de democracia que se van construyendo a lo largo del siglo XX. El término de este periodo pasa por la institucionalización de la represión a las demandas sociales de una clase trabajadora que comienza a posicionarse como un actor social determinante, y que adhiere a proyectos políticos distinto al de la clase dominante, entre otros, al del Partido Demócrata, que Tomás ve como un partido instrumento de acceso a la elite de poder de algunos elementos escogidos y que juega un rol de institucionalidad neutralizante al ser aceptado en el sistema de poder que no se siente amenazado con este partido que procura reformas sociales y no proviene de los sectores oligárquicos de la sociedad chilena, sino que proviene de los sectores asalariados que se vienen desarrollando en el proceso de construcción social de la época.
Y como se trata de incitar a la lectura del libro, no seguiré con ejemplos que desde mi perspectiva son muy sugerentes para comprender el presente, que es en definitiva lo que nos convoca en esta presentación. Los elegí dado que a través de la lectura reflexión a la que nos invita Tomás, una no queda indiferente y va dialogando, primero en la soledad de la lectura que no sólo es amena y que obliga a revisar otros textos y a hurgar en los conocimientos adquiridos, y también a repensar cuestiones que se daban por entendidas y que ya en las últimas décadas del siglo XX y esta primera del XXI, nos interpelan en las propias prácticas teórico política que asumimos colectivamente. Es aquí donde radica uno de los mayores aportes de esta propuesta. Obliga a repensar y a plantearse nuevas cuestiones sobre la construcción social chilena, la política y lo que me parece más determinante, nos devuelve a la pregunta sobre qué es la democracia y de qué democracia hablamos hoy día, cuándo la reconfiguración de la sociedad chilena postdictadura ha introducido propuestas y tendencias teóricas y prácticas políticas que aspiran a una democracia que de cuenta de las mayorías sociales y de emergencias de interpelaciones como la igualdad de género, que llegó al debate y a la sociedad para quedase, o las propuestas indígenas, que se han ido configurando como proyecto específico en la última década, o las propuestas de jóvenes secundarios que estremecen los acuerdos políticos para introducir demandas de alcance societal, como el de la educación en Chile, y que sin ser ciudadanos con derecho a voto, obligan a readaptar el sistema educacional evidenciando la fragilidad social de las propuestas en disputa para la gobernabilidad política del sistema institucional actual.
Desde que se ha evidenciado, estrepitosamente con la caída del sistema financiero especulativo, la falacia del neoliberalismo como única posibilidad de desarrollo de los tiempos contemporáneos, la arquitectura financiera internacional se ha tambaleado. Y el riesgo sistémico permanece. Nada volverá a ser como antes. Regresa el Estado en gloria y majestad. Este desplome del sistema capitalista, es lo que fue la caida del muro de Berlín para las alternativas socialistas. Y esto no deja indiferente a ningún rincón del planeta dada la mundialización de los sistemas y la globalización de la relaciones.
El libro de Tomás Moulian, se inscribe para mi, en esta búsqueda de propuestas urgentes y necesarias a la reconfiguración de proyectos políticos inmediatos y estratégicos ,que hagan viable el reposicionamiento de las izquierdas en las alternativas de gobernabilidad ante el vacío teorico y práctico de refundación y audacia política para construír democracias de justicia social. Y ya que el estado no ha logrado ser derrotado ni por los socialismos ni por el capitalismo, repensémoslo como un lugar de compromiso para las garantías sociales de todos los sectores de la sociedad chilena, y no sólo como garante de los intereses minoritarios de los grupos de poder atrincherados en la Constitución del 80.
Margarita Iglesias Saldaña