El Chile del futuro

Viento en la Flecha / Pensamiento

Fragmento del último libro de Tomás Moulian

1. El núcleo racional

La política es, como lo pensó Maquiavelo, el esfuerzo de convertir lo actual en inactual. Es una lucha por el futuro. Pero no es una lucha indeterminada, sino el enfrentamiento dentro de un campo de diferentes proyectos, que se realiza siempre en “condiciones dadas”. Esas condiciones son aquello que el pasado ha convertido en presente, imponiendo restricciones a la historicidad.

En la década de los sesenta del siglo XX Chile fue pensado como socialismo. Pero aun entonces, momento optimista de la historia, fue pensado como un socialismo al cual se arribaba por una vía institucional, no por una ruptura. En la actualidad el futuro de Chile debe ser pensado como una democratización radical.

Pero esa forma de pensarlo también implica La idea de una ruptura. Pensar en una democracia que se esparce desde lo político hacia lo social y lo cultural implica pensar en quiebres y fracturas. Pero no se trata de la vieja noción de revolución, cuyo carácter estatal era predominante, sino de una nueva noción

de ruptura, que no es asimilable a la metáfora de un parto, sino a la idea de una reconstrucción.

En verdad, en esa gran epopeya histórica que fue la Unidad Popular, hubo una pugna entre la idea de una reconstrucción del tejido de lo existente y la noción de una ruptura producida por la agudización de las contradicciones, cuya misión sería producir el parto, la mágica toma del poder. Dos cuestiones conspiraron contra la gran intuición que contenía la Unidad Popular como movimiento de democratización radical: una idea demasiado clásica de la construcción del socialismo, la cual coloca

en primer lugar las estatizaciones y la imposibilidad de construir un “bloque por los cambios”, sin el cual los partidos obreros quedaban aislados.

Estas dos cuestiones se articulaban, puesto que con esa concepción de la construcción socialista era sumamente difícil construir una mayoría social y política en favor de una democracia expansiva, que desbordara desde lo político hacia lo social y lo cultural. El proyecto de un Chile futuro debe conservar el mismo núcleo esencial, la realización de una democracia global. Ella fue el mito de Chile, en el buen y en el mal sentido del término: la ilusión de Chile pero también su sueño, su deseo. El esfuerzo de llevar esa empresa adelante representa lo mejor de las luchas de la izquierda y de otros partidos progresistas, en especial la Democracia Cristiana de los sesenta, inspirada en la ideología comunitaria. Ambas fuerzas eran conscientes de que una búsqueda democrática es también una lucha anticapitalista, una constante batalla por ampliar los límites que ese modo de producción coloca a los procesos de auténtica democratización.

2. Una utopística

Lo que deseo plantear aquí no constituye una utopía. Coincido con la distinción de Wallerstein entre utopía y utopística. No se trata de plantear un “sueño celestial”, una especie de sociedad perfecta, sino de evaluar las posibilidades de un futuro alternativo al del sistema mundo actual. Ese reemplazo no será en ningún caso necesario e inevitable, sino contingente e incierto. Tampoco puede pensarse como armonioso, siguiendo la tradición de la utopía clásica de Moto o Campanella. En eso coincido con la crítica que el propio Marx hiciera a las construcciones ideales de mundos futuros, Mi deseo del Chile futuro está conectado con la experiencia histórica que hizo suya la izquierda chilena.

Se sintetiza en la idea de la profundización de la democracia. No representa, por tanto, una ensoñación, algo excéntrico, lejos del imaginario tradicional de ciertos actores sociales. Por supuesto que esa tarea hay que abordarla desde esta historicidad, tan distinta de la de la década de los cuarenta, momento en que la izquierda asumió la tarea (entonces progresista) de modernizar el capitalismo, o tan distinta de la de la década de los sesenta, donde la izquierda enfrentó el desafío de ir más allá de las reformas de Frei Montalva y encaminarse hacia una culminación de los procesos democratizadores. Hoy esta empresa debe abordarse desde una situación de severo retroceso histórico, producto de la instauración de un capitalismo cuya mercantilización generalizada ha acentuado las tendencias a la inequidad, al empobrecimiento y al imperio de una lógica del lucro que abarca todas las esferas, incluso los campos de la salud y la educación. Los gobiernos de la Concertación, que ya llevan doce años, no han podido cambiar la dirección de esa tendencia, que se manifiesta en una acumulación sostenida de capitales, pero la cual no produce mejores niveles de vida para la mayoría.

No se trata pues de soñar con una sociedad perfecta, lo cual sería caer en el registro utópico, sino de una sociedad perfectible, donde aparezcan signos de perfeccionamiento de la democracia, los cuales hagan plausible pensar que esa dirección puede continuar, siempre que existan actores que la encarnen en las luchas sociales del futuro.

3. Un proyecto

En este artículo se señalarán direcciones, objetivos generales, señales y huellas del futuro. Tratará de construir un mapa donde se indican caminos y sendas, pero de la manera como los viajeros construyen sus bocetos en el terreno y no como un geógrafo, que procede a posteriori, acodado en su mesa de dibujo.

Fragmento de Contradicciones del desarrollo político chileno de Tomás Moulian

Tomás Moulian en LOM Ediciones