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Ciencia Social como Crítica Social: la revolución epistemológica de Karl Marx

Ciencia Social como Crítica Social: la revolución epistemológica de Karl Marx
por 27, septiembre, 2010 en sección Opinión 0 opinanen eldebate sobre este artículo
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La pregunta central que trata de respondernos Ciencia Social como Crítica Social: la revolución epistemológica de Karl Marx, es cómo se puede justificar una ciencia social crítica y la tesis que plantea, es que Marx aporta una solución original y muy diferente a otras tradiciones filosóficas de pensamiento crítico: mientras éstas fundan la crítica en criterios de tipo ético o normativo, Marx se basa en fundamentos puramente epistemológicos, o de carácter cognoscitivo, no necesita recurrir a ideales más o menos arbitrarios con los cuales contrastar la realidad.

Lo interesante es que, de acuerdo a Villalobos, esta fundamentación de carácter cognoscitivo no implica ni estar totalmente de acuerdo con la concepción de ciencia de Marx ni aceptar que su teoría económica sea verdadera. En suma, la fundamentación de la crítica social es independiente de la verdad o falsedad de la teoría marxista.

 

¿Cómo plantea Marx el fundamento epistemológico de su crítica?

Primero, afirmando que la verdad de una posición no se establece puramente al nivel de las ideas, sino que se dirime en la práctica, en la transformación del objeto. Segundo, el objeto de la crítica no es el cambio del objeto por gusto, en función de ciertos valores como la justicia o con el interés de hacer una denuncia. Como lo plantea el autor “la crítica tiene como objeto primaria y autónomamente, la cancelación de las representaciones y teorías erróneas acerca del mundo”. ¿Por qué esas teorías erróneas existen? Porque la realidad material no es transparente, sino que está rodeada de apariencias que hay que penetrar para llegar al orden profundo, a las “relaciones reales” que están escondidas. Esta es según Marx la tarea de la ciencia.

Las apariencias de la realidad social son fruto de la manera en que los seres humanos construyen sus relaciones. Y aquí está el secreto de su posible superación: a saber, la transformación de dichas relaciones en la práctica, lo que tendría el efecto de que desaparezcan las apariencias en su origen. La crítica, que se sitúa al nivel cognoscitivo es vital para anticipar esa transformación que solo la acción humana puede realizar. Como lo dice Villalobos, el fundamento de la crítica es estrictamente cognoscitivo porque “se trata de transformar el modo de producción capitalista no hacia cualquier otro, sino estrictamente hacia aquel en donde no se susciten apariencias engañosas”.

Esto es muy distinto de querer la transformación de la sociedad por ser injusta, mala o no garantizar la dignidad humana. Que estas argumentaciones se necesitan para movilizar a los seres humanos es cierto: nadie querría hacer una revolución por razones puramente epistemológicas, pero lo que se nos argumenta es que éstas son razones que corren paralelas al ejercicio crítico y que no lo determinan. Además está dispuesto a reconocer que “podría darse también que la crítica y transformación de una cierta forma de sociedad diera paso efectivamente a una que ya no generara apariencias engañosas, y que, sin embargo, fuese al mismo tiempo insufrible y tremendamente penosa para buena parte de sus participantes”. Se me imagina el ejemplo de una vuelta al esclavismo, como por ejemplo pasó en la Alemania nazi que utilizaba trabajo esclavo: allí no hay apariencias ni mistificaciones con respecto a la explotación de la fuerza de trabajo: hay total transparencia, pero esto no hace a ese régimen más tolerable.

¿Hay algo en la crítica de Marx que impida que la transformación social propuesta sea regresiva, por ejemplo, que se volviera a un modo de producción servil donde la realidad económica deja de producir apariencias y donde el tiempo de trabajo necesario está claramente demarcado del tiempo de trabajo excedente? Pienso que sí: más allá de la distinción entre formas de explotación transparentes y formas de explotación ocultas por las apariencias, la crítica de Marx apunta a todas las sociedades que se caracterizan por la extracción y apropiación de la plusvalía. La transformación que elimina las apariencias para él solo puede ser válida si termina con la apropiación de la plusvalía. Una vuelta al esclavismo no cumple con esta condición. Quizás aquí Villalobos va a diferir porqué este criterio va más allá de lo puramente cognoscitivo e implica inevitablemente un juicio que para cualquier persona, perder parte o la totalidad del valor producido por su trabajo, es injusto, un robo, una forma de explotación, precisamente los argumentos que Mario no desea usar. Pero el problema de no abrirse a este argumento es que la crítica social podría servir para volver a un régimen aun más expropiatorio que el Capitalismo. ¿Tendría todavía sentido hablar de ciencia social crítica en este contexto? Lo veo muy difícil tanto para Marx como para otras posiciones.

Pero también es cierto que, como lo plantea Villalobos, aun asumiendo una transformación social que va en el sentido del Socialismo y del Comunismo, como Marx quería, no hay garantías de una vida mejor y más feliz. ¿Hay algo en la teoría de Marx que garantice que el socialismo lleve a una sociedad mejor? Sabemos por la experiencia de los así llamados socialismos reales que no es fácil responder que sí. Una vez más surge la pregunta ¿qué sentido último tiene una ciencia social crítica que no puede asegurar eso? En último término, aunque estoy de acuerdo en que la ciencia social crítica puede en estricto derecho derivarse solo del plano cognitivo, me vuelvo a preguntar si inevitablemente no terminan por volver a plantearse cuestiones éticas, de felicidad y de justicia sin las cuales el ejercicio crítico queda cojo. Es una contribución importante y un gran mérito del libro de Mario Villalobos haber reabierto este debate en nuestro medio.carcaj

Sobre el autor

Sociólogo formado en la Universidad Católica de Santiago y Doctorado en la Universidad de Sussex, Inglaterra. Fue profesor del Centro de Estudios de la Realidad Nacional (CEREN) de la Universidad Católica de Chile (1971-1973). Profesor en la Universidad de Birmingham desde 1977, fue el primer director del Departamento de Estudios Culturales entre 1988 y 1993 y continua como Profesor Titular de Teoría Social hasta hoy. En Chile es actualmente Director del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Alberto Hurtado, y director de la carrera de Sociología. Autor de varios libros publicados en Inglaterra: The Concept of Ideology (1979), Marxism and Ideology (1983), A Reconstruction of Historical Materialism (1986), Theories of Development (1989), Ideology and Cultural Identity(1994), Identity and Modernity in Latin America (2000). En Chile publicó en 1996 Modernidad, Razón e Identidad en América Latina que obtuvo el "Premio Municipal de Literatura 1997" en el género ensayo. Este año 2010 terminó de publicar la serie de cuatro tomos de "El Concepto de Ideología" por Editorial LOM.