Carcajada – Comer, hablar, besar

collage bocas

Con-boca-toria revista Carcaj.cl – Marzo 2019

“Por la boca muere el pez”

 

De boca en boca vamos dando bocados, palabreando, comiendo, besando o vomitando. Y aún si son varias las llagas y aperturas en nuestro cuerpo, los puntos críticos por los que éste se diluye o se dispersa hacia su exterior, la boca es quizás el arquetipo mayor de las relaciones que mantenemos entre un adentro y un afuera. Zona oral superficial y a la vez órgano profundo que introyecta, la boca aparece como el lugar donde se disuelve todo límite claro entre el sujeto y su exterior.

Pero no es sólo al nivel de la comunicación o de la nutrición que reconocemos en la boca ese objeto misterioso de extroversiones e introyecciones. Por ella también es que respiramos, fumamos y besamos; que tosemos, chupamos y tragamos. Y lo hacemos tan bien o tan mal como hablamos o cantamos.

Toda una cultura, toda una moral y una naturaleza parecen salir a flote cuando se trata de asignar el lugar de la boca en nuestro cuerpo. Así aprendimos, por ejemplo, a punta de advertencias o cachetadas si acaso la experiencia práctica no nos convencía, que no se debe hablar con la boca llena. Porque o se come o se habla, pero nunca ambas a la vez. En cada caso, la boca hace pasar el flujo de comida o el flujo de aire, como una máquina que chupa, deglute, muele, fragmenta el mundo en múltiples pedazos, o como una máquina que expulsa, eyecta, pronuncia y articula diversos mundos posibles.

Ya para los griegos la mesa era el lugar privilegiado para hacer de la conversación oficio de un arte. Un rito particular, el simposio, ejercía entonces la modulación correspondiente entre las funciones del comer, el beber y el hablar, cada una de las cuales moviliza una economía particular de saliva, dientes y articulación labial, cuya historia, aún en la antigüedad, no estuvo excenta de variaciones.

Así, si para el pensamiento griego la virtud de la práctica simpósica debía resposar en cierta moderación de la que Sócrates, en El Banquete, da un ejemplo casi sobrehumano, reincorporándose sobriamente a la vida cívica cuando llegada la madrugada ya todos los borrachos se han quedado dormidos; para los romanos, como es sabido, no se debía escatimar en vómitos a la hora de agasajarse alrededor de una mesa y una buena cháchara.

Ejemplos más modernos, por su parte, parecen dar cuenta de una verdadera guerra entre las funciones del comer y el decir, del ingerir y el expular, haciendo de la boca el teatro de operaciones de una reñida lucha de funciones, como la que en Kafka hacía del ayuno régimen condicional de la escritura, o la que, en más de un ejemplo de la vida cívica y literaria de las que el psicoanálisis podría ser un buen testigo de fe, hacen de la verborrea pariente sanguínea del vómito.

La cuestión del habla y la comida parecen sin embargo darse naturalmente como territorio de todo discurso sobre la boca, como si su impresionante despliegue en tanto órgano sexual fuera solamente un accidente cultural. El besar, punto de partida del canibalismo -al decir de Bataille-, así como la facultad de chupar, a medio camino entre los sentidos del tacto y el gusto, y la infinita potencia erótica de la comida y del lenguaje, del grito, la bebida y la saliva, parecen poner en entredicho todas las determinaciones orgánicas y funcionales a las que la boca suponía restringirse.

Preguntamos entonces: ¿Qué es la boca, finalmente, si somos capaces de hablar tanta mierda y tragar discursos? ¿Qué adentro y qué afuera es el que por medio de ella modulamos? ¿Cómo es que por ella nos acoplamos a los seres que amamos y probamos la humedad de esas cosas que ya no son uno? ¿Qué economías son las que viven entre dientes, lengua, saliva y labios? ¿Qué diferencias hacen de las cosas alimento, veneno, palabra, o superficie erótica de un afuera?

Lxs invitamos a hociconear, cahuinear, conspirar en conjunto y vomitar para desintoxicarnos de todo lo que confisca nuestras lenguas; compartir voces, gritos, otras formas de alimentarnos, inventar dietas como nuevos modos de vida.

 

Ilustración: Paula Andrea Jouannet

Articulo por Carcaj

Revista de arte, literatura y política.

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