Digüeñes

hannah hoch

nos juntamos en el puente, palabreamos
los vestigios de la gran secreción.
el humor y la elegancia flotan en el río,
aquí está oscuro pero los barcos pasan como linternas
en el campo      caminar por un prado
los pasos quiebran hojas
grillos y una emoción      parecida al temor     pero hay placer
me tocas entera y gemimos porque no hay más,
es lo único que ofrece esta estampida de personas
reunidas en dos cuerpos irresponsables.

estalla una vanidad de la que somos cómplices,
nos amamos así bien vacías.

el río antiguo es precioso con esta luz tan verde.
yo solamente quería tomar tu mano por la calle caupolicán
pasear por lugares feos comiendo digüeñes
con cilantro      y vinagre    naranjito delicado
no hace falta recorrer el mundo pa saber
no hay cosa más amiga de mi lengua y caminamos,
te habría dicho despacito: tranqui, amor mío,
aquí me tienes, te abrazo justo antes del tedio.
rumiando una planta espinosa,
la digestión es fuerza contra el escupo.
triste como tanque de fin de la guerra,
habría de interceptar tu mano directa hacia tu boca.
soy madre contingente − no te tragues esa planta filuda
un golpe y se cae al piso
te ríes porque conoces muy bien la lluvia.

son emociones antiguas       un inglés canta melodías
partidas por la mitad
una grieta justo al medio
brotan trazos tuyos desde ahí
al bordear frases de fuego con un alambre de púas
trazos de alambre guardados en una caja de metal.

me engendraste alguna vez,
te pillo por todos lados.
dice entrar pero ya perdimos. inocentes eso sí.

 

Ilustración: Hannah Höch

Articulo por Eva Gilabert

Estudiante de literatura, aprendiz de escritora.

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