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	<title>Carcaj</title>
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	<description>CARCAJ es una revista digital de editorial LOM, que despliega un espacio de debate entre los actores del medio artístico, literario y cultural, así como de difusión ampliada sobre el trabajo creativo y crítico entorno a la realidad chilena y latinoamericana.</description>
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		<title>Las tecnologías han incidido en un lector de textos más que de libros</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Jul 2010 22:20:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Bernardo Subercaseaux</dc:creator>
				<category><![CDATA[Entrevista]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><strong>Entrevista a Bernardo Subercaseaux</strong>.</p>
<p><em>Con más de quince años desde su primera edición, el académico y crítico literario hace una re</em><em>edic</em><em>ión de su emblemático título </em>Historia del libro en Chile<em>, </em><em>abarcando</em><em> desde la</em>&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Entrevista a Bernardo Subercaseaux</strong>.</p>
<p><em>Con más de quince años desde su primera edición, el académico y crítico literario hace una re</em><em>edic</em><em>ión de su emblemático título </em>Historia del libro en Chile<em>, </em><em>abarcando</em><em> desde la Colonia, la censura dictatorial, las políticas </em><em>concertacionistas en torno</em> <em>al fomento a la lectura, hasta el mismísimo “maletín literario” y la actual proliferación de las llamadas “microeditoriales”, para dar al fin por cerrado su libro. </em>Carcaj <em>quiso conversar con él y saber hacia dónde van sus flechas.<span id="more-1195"></span></em></p>
<p><strong>Bernardo, ¿por qué reeditar este libro, considerando una proyección histórica que llega al 2010, en qué medida permite revisar la llamada “crisis del libro y la lectura”?</strong></p>
<p>Considero que esta reedición es, más que una reedición, una edición definitiva. Ello por varias razones: se profundizó en temas no tratados en las ediciones anteriores, por ejemplo, en las traducciones durante el siglo XIX, también en la historia de la lectura o en la relación entre educación superior y libros, o en políticas públicas novedosas y recientes, como el maletín literario. Cubrir hasta el Bicentenario resultaba imprescindible, considerando que en estos últimos 10 años se han hecho plenamente presente dos fenómenos: la hiperinflación de la cultura de masas y la masificación de las nuevas tecnologías, lo que ha incidido –para bien y para mal– en el campo del libro. Todo ello se refleja en nuevos capítulos y en un total de casi 100 páginas más, considerando las ilustraciones.</p>
<p><strong>En toda experiencia de lectura subyace una condición socio-histórica, ideológica, económica, en síntesis cultural, que determinará ese ejercicio, el que en algunos es una costumbre, en otros un posible acercamiento, y por último, para los más, una abierta indiferencia frente a una acción que no se realiza. ¿De qué modo esa visión del lector ha cambiado o se ha modificado en los últimos cincuenta años? ¿Podrías establecer algunos hitos significativos?</strong></p>
<p>La Historia del Libro muestra claramente cambios en la valoración social del libro y la lectura. Por ejemplo, entre las décadas de 1930 y 1970, importan fenómenos como la movilidad social de sectores medios, el Estado Docente y el imaginario de transformación de la sociedad. Durante la Dictadura la censura, el anti-intelectualismo, la actitud de sospecha frente al libro, el nacionalismo estrecho, etc., de los que doy abundantes datos y ejemplos. Finalmente estaría la hiperinflación de la cultura de masas y los cambios epistémicos implicados en las nuevas tecnologías, fenómenos que han desperfilado al lector de libros y han incidido en un nuevo tipo de lector, un lector de textos más que de libros.</p>
<p><strong>Validando que la formación intelectual se forje en base a la lectura, en materias de la más diversa índole, y que dicha educación ha sido desde la formación de la República, y más atrás todavía, cuando se forjara el proceso de Independencia, fruto del pensamiento de los continuadores de ese intelecto, ¿cómo podemos reconocer y valorar el papel del intelectual hoy, en circunstancias que, las diversas instituciones educativas (primarias, secundarias y superiores) deben lidiar con estudiantes cada vez más avezados en el estudio supeditado a internet, más que a la tradición ilustrada de un libro?</strong></p>
<p>Yo diría que el conocimiento (que es diferente a la información) se forja en base a la lectura, y a procesos graduales y metódicos de estudio y reflexión. También en base a la curiosidad y al asombro. Preguntarse por el papel del intelectual hoy día resulta algo tan anacrónico, como preguntarse por el rol de los emprendedores en los años del Che Guevara o de la Guerra de Vietnam. El “estudio supeditado a Internet” dices tú. Más bien yo diría el chateo, twitter, blogs y recolección de información o datos, a veces incluso en el rincón del vago. ¿Es eso estudio? Percibo un deterioro de la tradición ilustrada en todos los niveles. ¿Se trata acaso simplemente de un cambio, como ha habido otros en la historia? ¿O de una situación que debiera alarmarnos? Creo que esta edición definitiva entrega antecedentes y reflexiones en uno u otro sentido.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>¿Cómo se interpretan los índices de lectura actuales, en relación al discutible número de lectores y la proliferación de editoriales (microeditoriales, en su mayoría independientes y autogestionadas) en una sociedad donde el libro parece haber perdido su valor de uso cotidiano?</strong></p>
<p>Los índices de lectura  y las investigaciones de consumo cultural sobre libros a las que hemos tenido acceso son, como señalas, muy pobres en sus resultados, y sin lugar a duda inciden en los problemas de expresión y lenguaje que han arrojado diversas  mediciones en el ámbito educativo y en general de  la población. A pesar de la proliferación reciente de editoriales (sobre todo de microeditoriales) el mercado del libro en Chile, comparativamente (con Argentina, España, México o Colombia) es muy reducido. La venta de una edición de 1000 ejemplares en un año es todo un éxito. Por otro lado el último libro de la saga de Harry Potter vendió varias decenas de miles de ejemplares en semanas, con un impresionante apoyo de marketing massmediatico e internacional. La interpretación de esta disparidad está en el último capítulo del libro, capítulo que se titula precisamente Bicentenario: paisaje cultural y editorial.</p>
<p><strong>En ocasiones uno mira las bulladas políticas de Estado respecto al tema del libro y la lectura, y tiende a preguntarse cuánto en verdad interesa al Poder que la gente lea más, se instruya o genere un pensamiento crítico, por qué una cosa es leer y otra qué se lee en realidad. ¿Cómo evalúas los programas de lectura llevamos a cabo estos últimos 20 años en Chile?</strong></p>
<p>En los últimos dos gobiernos de la Concertación se aprobó una Política del Estado con respecto al Libro y la Lectura, se trata de una política que incide en toda la cadena del libro y que de aplicarse plenamente, tendría a mi juicio, un impacto notable, no sólo en el campo del libro sino que en el de la educación. Hasta el momento dicha política no se ha aplicado, lo que de alguna manera muestra la paradoja de una falta de voluntad política para aplicar la política acordada por una instancia plural del Estado como es el Consejo de la Cultura, y los dos últimos Ministerios antes del gobierno actual. En la medida que se lleven a cabo programas de lectura o de donación de libros sin una política sistémica, que aborde todos los ángulos del tema, los resultados serán muy insuficientes. La prueba está en lo ocurrido con el “maletín literario”, tema que analizamos en detalle en esta edición.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Por último, sólo como conclusión, una cita que me gustaría pudieras confirmar o refutar: “Lo que hacen los libros es desgraciarlo al hombre. No conozco un solo hombre feliz que lea. Y tengo amigos de todas las edades. Todos los individuos de existencia más o menos complicada que he conocido habían leído. Leído, desgraciadamente, mucho. […] Si hubiera un libro que enseñara, fíjese bien, si hubiera un libro que enseñara a formarse un concepto claro y amplio de la existencia, ese libro estaría en todas las manos, en todas las escuelas, en todas las universidades; no habría hogar que, en estante de honor, no tuviera ese libro…” (Roberto Arlt, en “La inutilidad de los libros”)</strong></p>
<p>Más que los libros yo pienso que es la vida la que desgracia al hombre, a fin de cuentas desde el mismo momento que nacemos nos vamos acercando al fin. Respondería a la frase de Arlt con un verso de Neruda y su contraparte. <em>Libro, déjame libre,..cuando te cierro/abro la vida. </em>Vida déjame libre&#8230;cuando te cierro abro un libro.</p>
<p>(Cabe señalar que la iniciativa de la reedición fue de la editorial, dada la ausencia de ejemplares y el marcado interés sobre la obra en estos últimos años, siendo necesario para LOM pensar en reeditarla, como una forma de actualizar también su contenido.) <img src="http://www.carcaj.cl/wp-content/themes/carcajcl-theme/images/finale.png" alt="" /></p>
<p style="text-align: right;"><strong>Entrevista de Carcaj.</strong></p>
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		<title>Los disfraces del Presidente</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Jul 2010 21:41:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Leandro Urbina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><em>Stefan Kramer, el humorista que ha causado tanto revuelo en estos días por sus imitaciones del presidente. Lo primero que habría que preguntarse es: ¿Es Kramer quien imita a Sebastián Piñera o Sebastián</em>&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Stefan Kramer, el humorista que ha causado tanto revuelo en estos días por sus imitaciones del presidente. Lo primero que habría que preguntarse es: ¿Es Kramer quien imita a Sebastián Piñera o Sebastián Piñera quien imita a Kramer? ¿Es Kramer el verdadero presidente de la república? Pregunta que los miles y miles de chilenos y chilenas tienen que contestar desde el fondo de su corazón.</em></p>
<p style="text-align: right;">“Cuando gobierna un payaso, un bufón puede producir una crisis política”.</p>
<p style="text-align: right;">Jesús</p>
<p>Durante los años noventa y principios de los dos mil del nuevo siglo viví en la ciudad de Washington DC. La marca de Ronald Reagan, que había gobernado hasta 1989, estaba por todas partes. Los republicanos habían logrado imponer una imagen que representaba una buena parte del corazón de un país de película. Con George H. Bush, y su famoso vicepresidente Dan Quayle (ese que decía: “He tenido buen criterio en el pasado y he tenido buen criterio en el futuro”), se inaugura la era de los políticos productores de grandes citas. Si sumamos la guerra del Golfo y las campañas chovinistas antiárabes, Bush completa un primer ciclo de instalación de la visión de mundo republicana que pugnaba por identificarse con la de ser un verdadero patriota estadounidense. Los medios de comunicación fueron imprescindibles para estampar insistentemente muchas de las imágenes xenófobas ansiadas por un pueblo todavía lastimado con la derrota en Vietnam e Irán.</p>
<p>La imagen de presidentes machos empezó a llenar las pantallas. Reagan, desde Hollywood,  se fotografiaba a caballo, vestido de cowboy, o acompañado de cientos de militares con gigantescas banderas como escenografía. Para no ser menos, tuvo sus guerras centroamericanas e invadió Granada con el fin de mostrar el músculo yankee al mundo y reconstruir el ego dañado de la nación. Su mujer, Nancy, transformada en socialité se encargaba de devolverle el glamur a su administración y a ese Washington, decaído por la austeridad impuesta  hasta entonces por ese bautista practicante y manisero de Georgia que era  Jimmy Carter. Los bailes de gala, las recepciones, las fiestas espectaculares congregaban a Hollywood y a la clase política estadounidense y le cambiaban la cara a los ochenta.</p>
<p>Su sucesor, George H. Bush, hombre más sobrio, director en los años setenta de la CIA y participante del poderoso grupo Bilderberg, prefiere los ternos de poliéster y las corbatas del burócrata. Su falta de “charme” y el manejo desafortunado de la economía lo hicieron perder la elección ante Bill Clinton. Bill, como todos sabemos, prefería las hamburguesas y las fiestas privadas.</p>
<p>La llegada del hijo, George W. Bush, a la Casa Blanca renueva con bríos la afición republicana por el disfraz y los militares. Sin haber ido nunca a la guerra, George amaba disfrazarse de piloto, subirse a portaviones a declarar victorias, le encantaba aparecer por los eventos de Nascar con chaquetas de piloto de autos de carrera. Fue empresario del petróleo vistiendo un correcto traje azul y gerente general del equipo de béisbol los Texas Rangers con gorrito y todo. Y, por supuesto, empantanó a su país en guerras rentables para la cúpula gobernante, guerras que duran hasta hoy. Su imagen, al fin de su gobierno, se puso el disfraz del fracasado rayano en lo ridículo.</p>
<p>Todo esto viene a cuento porque en Chile tenemos nuevo presidente y parece que también le gustan los disfraces. Además de los ternos a la medida con los que se pasea entre oficinas, los trajes de huaso con los que se fotografía a caballo, la tenida deportiva, el uniforme de piloto de helicóptero con el casco de FACH 1, la chaqueta roja de gerente de supermercado es parte del ropero con el que él y sus ministros viajan “trabajando” por el país y que luce el escudo recuperado de nuestras tradiciones.</p>
<p>Hay algo inquietante en verlo poner inyecciones y trabajar con la pala mecánica. Un cierto olor a Joseph Stalin, el primer ingeniero de la Unión Soviética, el primer cirujano; un poco de Perón, el primer trabajador; un poco de Mao, el sol rojo que ilumina nuestros corazones (de chilenos y chilenas). Se ve poco la república en este intento de recrear el culto a la personalidad. Sebastián Piñera no sólo quiere ser el mejor presidente que haya tenido el país (lo que no está mal, según Martita Lagos) sino el más querido, el más recordado: quiere quedarse en la retina de las generaciones obligadas a verlo correr robando cámara con su comparsa de ministros que lo aplauden todos vestidos de rojo.</p>
<p>Pero es obvio que no podemos acusar a este presidente de apropiarse del estilo del viejo Moscú. Hay muchos más elementos que vienen del país del norte y que parecen también heredados del último presidente republicano; entre ellos destacan: el gusto por el cliché, la retórica mosqueada y la lógica desmadrada. Dos momentos, para mí, destacables en el discurso inaugural de La Moneda: el que compara a los sobrevivientes del terremoto con héroes patrios que en enumeración caótica se proyectan al futuro: “Ellos, y muchos más, son los herederos de Caupolicán, Lautaro y Guacolda. Ellos son los descendientes de O’Higgins, Carrera, la sargento Candelaria y del padre Hurtado. Ellos son los héroes del Bicentenario y serán los protagonistas del siglo XXI”. Le faltó agregar desde el alma: Estos héroes vivirán por algunos años en mediaguas plastificadas.</p>
<p>El segundo y el más amenazante es el de la invitación final, con la que abrió este periodo de cuatro años: “Para terminar, quiero que por un momento cerremos nuestros ojos y recorramos juntos este país maravilloso”, y después de una serie de imágenes de discurso de patio de colegio propone ese sublime: “Sigamos viaje al sur, siempre al sur, puerto por puerto y ciudad por ciudad. Hagámonos acompañar por las gaviotas y los cóndores. Penetremos en los bosques profundos y volvamos a hundirnos en la Cordillera”.</p>
<p>Un amigo mío insistía siempre en que la derecha era una patota de huevones con mal gusto, de cultura barata. Tal vez Piñera es parte de eso, en realidad me da lo mismo.</p>
<p>Lo que me preocupa es esa invitación a cerrar los ojos para iniciar un viaje de fantasía. Si algo se me permite advertir en estos días de confusión es lo siguiente: Chilenos, no cerréis los ojos ni cagando, aunque nos mate el sueño, mantengámoslos bien abiertitos. Ya saben lo que le pasa al camarón que se duerme.</p>
<p>Por último, hablemos del  “Asunto: Halcón y Camaleón”, de  Stefan Kramer, el humorista que ha causado tanto revuelo en estos días por sus imitaciones del presidente. Lo primero que habría que preguntarse es: ¿Es Kramer quien imita a Sebastián Piñera o Sebastián Piñera quien imita a Kramer? ¿Es Kramer el verdadero presidente de la república? Pregunta que los miles y miles de chilenos y chilenas tienen que contestar desde el fondo de su corazón. Porque si la respuesta es Kamer, estamos ante una profunda crisis política, una crisis de legitimidad del gobierno. Ahí se entendería el misterioso alejamiento de Longueira, la frustrada agresividad de Allamand y las amorosas intervenciones en su defensa de Lily Pérez o Evelyn Matthei, ellos saben quién es el verdadero presidente, quién se esconde detrás de esos tics. Yo no voté por Piñera, pero ante la posibilidad de usurpación exijo: ¡Fuera Kramer de La Moneda! ¡Devuelvan La Moneda a su verdadero dueño! Queremos que vuelva a hacerse cargo para que cumpla todas esas cosas lindas que nos prometió. He dicho.</p>
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		<title>Las armas de las letras. Ensayos neoarielistas</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Jul 2010 21:05:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Bernardita Eltit</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Una lectura al libro de Grinor Rojo<br />
<em>La armas de las letras</em> (LOM, 2008) es una recopilación de trece ensayos publicados a lo largo de una década por el profesor Grinor Rojo&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Una lectura al libro de Grinor Rojo<br />
<em>La armas de las letras</em> (LOM, 2008) es una recopilación de trece ensayos publicados a lo largo de una década por el profesor Grinor Rojo en distintas revistas especializadas, tales como <em>Taller de Letras</em>, <em>Atenea</em> y <em>Universum</em>. El eje que articula la emergencia de su publicación conjunta se relaciona con la pregunta por el rol del/a intelectual latinoamericano/a hoy.</p>
<p>El subtítulo del libro <em>Ensayos neoarielistas</em>, da las suficientes claves para no perderse en el universo significativo de los ensayos que Rojo nos presenta. Ariel es uno de los personajes protagónicos de <em>La Tempestad</em> (1611) de Shakespeare, obra que representa un drama situado en una isla de las Antillas y que tematiza, sin lugar a dudas, la problemática de la colonización, por lo que sus personajes principales han sido utilizados para metaforizar la situación cultural Latinoamericana.</p>
<p>En general, el uso de los personajes de <em>La Tempestad</em> se ha restringido a una tríada compuesta por Próspero, Ariel y Calibán. En el drama de Shakespeare, el primero de ellos corresponde a un noble europeo traicionado por su hermano y embarcado contra su voluntad sin destino conocido, quien, al llegar a una isla, se la arrebata a Calibán, su dueño legítimo, y lo esclaviza. Ariel, por otra parte, es el genio del aire al que libera Próspero de un embrujo que lo tenía preso en un árbol. De este modo, tanto Ariel como Calibán representan dos formas diferentes de sujeción al poder de Próspero. Ariel es el sirviente virtuoso, apreciado por su amo y cómplice de éste; y Calibán es el sujeto despojado de sus bienes y de su cultura. Famosa es la cita en la que éste maldice su condición:</p>
<p>“Esta isla me pertenece por Sycorax, mi madre, y tú me la has robado. Cuando viniste por vez primera, me halagaste, me corrompiste. Me dabas agua con bayas en ella; me enseñaste el nombre de la gran luz y el de la pequeña, que iluminan el día y la noche. Y entonces te amé y te hice conocer las propiedades todas de la isla, los frescos manantiales, las cisternas salinas, los parajes desolados y los terrenos fértiles. ¡Maldito sea por haber obrado así…! (…) Me habeis enseñado a hablar, y el provecho que me ha reportado es saber cómo maldecir. ¡Que caiga sobre vos la roja peste, por haberme inculcado vuestro lenguaje!”<sup>01</sup></p>
<p>Ahora bien, Rodó al escribir su <em>Ariel</em> (1900) convierte a Próspero en un sabio que enseña a los jóvenes a entender la realidad americana dividida entre Calibán, que representa a los bajos estímulos de la irracionalidad, la sensualidad y la torpeza, aludiendo a la realidad estadounidense de la que debían defenderse; y a Ariel que representa la razón y el sentimiento, la espiritualidad de la cultura, la inteligencia y sobre todo el instinto de perfectibilidad, es decir, <em>el término ideal a que asciende la selección humana</em>.</p>
<p>En la década de los setenta del siglo recién pasado, el intelectual cubano, Roberto Fernández Retamar, volverá a los personajes de <em>La Tempestad </em>para dar cuenta de la situación neocolonial latinoamericana. Esta vez el modelo no será ya el genio del aire, sino el monstruo Calibán quien representará lo verdaderamente latinoamericano en su condición de sujeción colonial. Es él quien se erigirá en la metáfora de nuestra condición subalterna a las metrópolis representadas por Próspero. Ariel en este esquema es el sirviente fiel, el intelectual que establece complicidades con el sistema económico imperante y con las políticas de los países subdesarrollantes.</p>
<p>En su prólogo, Rojo explicita su adhesión al proyecto que Rodó representa en <em>Ariel</em>:</p>
<p>“Si en 1971, cuando Fernández Retamar escribió su Calibán…, Rodó podía y debía ser impugnado, hoy, en medio de la resurrección neoliberal del capitalismo, da la impresión de que lo que hay que hacer es rescatarlo de esa impugnación (…) Así, al mirarlas desde el punto de vista de nuestras necesidades culturales de hoy, la crítica de Rodó al tecnocratismo, su reivindicación del pensamiento humanista y el respeto que exige para la labor de los intelectuales (y, dentro de la labor de los intelectuales, para la de los artistas) a mí me parecen no sólo atinadas sino urgentemente recuperables (9-10)”.</p>
<p>En la medida en que avanzamos en la lectura de <em>Las armas de las letras</em>, da la impresión que más que rescatar la figura-metáfora de Ariel como personaje representativo de lo que debiera ser el intelectual latinoamericano –el intelectual crítico se entiende–, lo que Grinor Rojo hace es reivindicar una tradición representada por Rodó que se caracteriza por una defensa de las humanidades y su importancia social, por su postura crítica frente al modelo y la invasión cultural estadounidense, y su atención a la importancia de legar a las nuevas generaciones un sentido de pertenencia cultural que avance en esa línea.</p>
<p>De este modo, el autor de <em>Diez tesis sobre la crítica</em>, luego de dar cuenta del estado de la educación en el Chile contemporáneo y el rol paupérrimo de la humanidades en los artículos <em>De las humanidades en Chile</em> y <em>La educación chilena: sobre estadísticas de lectura, escritura y algunas cosas más</em>, hace un llamado explícito a los intelectuales a desenvolverse en el espacio público, a combatir el estatuto precario que ocupan nuestras disciplinas en la sociedad y a debatir la naturaleza y la función de las mismas, en una defensa que, en último término, salva la idea de Modernidad y por ende de sujeto moderno contra los embates de las modas metropolitanas contemporáneas:</p>
<p>“La complicidad entre el ideologismo postmoderno, el que se concreta en enunciados tales como el de la descentralización de la estructura, la muerte del sujeto, el fin de los grandes relatos, el vaciamiento del sentido, la reducción de las estrategias de resistencia a las acciones locales, el predominio del borde, el margen y el fragmento etc., y el proyecto globalizador no constituye ya ningún misterio, al menos no lo constituye para aquellos que tienen los ojos abiertos y que rehúsan convertirse en peones de un vehículo cuyo destino ominoso no puede ser más notorio” (166-7)”.</p>
<p>El artículo que cierra el libro, Sobre <em>The Decline and fall of the Lettered City. Latin America in the Cold War </em>–El declive y la caída de la ciudad letrada. Latinoamérica en la Guerra Fría– <em>de Jean Franco</em> se transforma en la denuncia de un tipo de producción intelectual que desconoce la transitoriedad de las modas académicas en boga, que celebra la <em>incultura de la cultura</em> y las <em>figuras en el margen</em> obviando las condiciones materiales de una Latinoamérica en la que –en palabras de Rojo– los que no han tenido noticia del invento de Gutenberg suman todavía más de cuarenta millones.</p>
<p>El rescate del sujeto moderno y del intelectual crítico, sobre todo en Latinoamérica, es aún hoy una obligación política, ¿o estamos dispuestos a desechar efectivamente las grandes luchas, o a retroceder en las demandas de los derechos que la promesa de la modernidad nos permitió imaginar? Todavía existen grandes relatos, y estrategias políticas globales, sólo que ya no nos pertenecen. <em>Las armas de las letras</em> es un llamado a hacernos cargo de nuestra responsabilidad crítica frente a los discursos que hegemonizan el quehacer cultural que las más de las veces resultan ser sólo trampas llenas de metalenguaje que estancan cualquier capacidad de acción y discusión. La celebración de la marginalidad es un lujo académico que no estoy dispuesta a asumir, por lo menos no mientras esconda tras de sí condiciones materiales de existencia vergonzantes.</p>
<hr />
<ol class="footnotes"><li id="footnote_0_1307" class="footnote"> William Shakespeare. <em>La Tempestad.</em> Edición bilingüe. Imagine Ediciones: Madrid, 2002, pp. 25 y 27. </li></ol>]]></content:encoded>
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		<title>Los viajeros en el vagón</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Jun 2010 22:19:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Emilio Gordillo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><strong>En torno a Las Mujeres de Ravensbrück.</strong></p>
<p>Cuando Primo Levi analizaba los signos pasados, presentes y futuros de su experiencia en los campos de concentración nazi en ese libro impresionante, oscuro y optimista&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>En torno a Las Mujeres de Ravensbrück.</strong></p>
<p>Cuando Primo Levi analizaba los signos pasados, presentes y futuros de su experiencia en los campos de concentración nazi en ese libro impresionante, oscuro y optimista llamado <em>Los Hundidos y los Salvados</em>, insistía constantemente en la idea de que él mismo y los sobrevivientes no podían ser buenos testimoniantes de lo ocurrido, o al menos no los mejores. Levi, tomando la voz por el otro –las muertas, los gaseados, los <em>musulmanes</em>–, intentando comprender a la administración alemana, en unido acto lleno de ética y sinceridad intelectual, dice: “Busco, una vez más, una lógica que no es la mía”.</p>
<p>Esto se publicaba en italiano en 1989, a dos años de su muerte, en un supuesto suicidio sin nota alguna.</p>
<p>Después de tantos años pasados y con los límites que implica la distancia de la cultura europea con nuestras realidades, tras los suicidios o muertes de muchos sujetos que vivieron los campos de concentración y con todas las mediaciones, en su mayoría altamente sospechosas, por parte de los grupos massmediáticos judíos que acabaron por trivializar dichas experiencias (representando escenas torpes como aquella donde una niña se teñía de rojo-esperanza en <em>La</em> <em>Lista de Schindler</em>) hablar sobre estos temas se hace mucho más complejo que olvidarlos. Lo más lógico sería buscar un nexo real, algún elemento que permitiera realizar aquello que Hannah Arendt llamó “sacar la imaginación de visita”, para reinventar desde algún punto y desde nuestra propia experiencia o narración los testimonios ajenos, a fin de evitar su petrificación.</p>
<p>Vi a un violinista tocar la melodía llorona de <em>La</em> <em>Lista de Schindler</em> en un vagón del Transantiago, pidiendo dinero a cambio, pasando apenas entre los usuarios. También vi gente apretada como animales de carga en los carros del metro que cruza subterráneamente la ciudad y pensé, y sigo pensando, que siete de cada diez viajeros habían votado por una administración de derecha esclavista. Vi esos mismos vagones en gobiernos similares, igual de brutales o peores en metros de México y en las terminales de llegada en Buenos Aires, todos gente de la provincia vomitada como animales desde las puertas de los trenes, llegando a Capital a las ocho de la mañana, apretados contra los vidrios como si fuera algo cotidiano. Vomitados por el vagón. También vi las líneas y los rieles de esos trenes e imaginé la corriente pasando como un flujo continuo y sobre cuyos pasillos y vagones, afiches celebrarían el bicentenario de Latinoamérica.</p>
<p>Lo anterior podrá parecer una exageración, pero el mismo Levi, antes de 1987, se proponía como objetivo responder la que le parece la pregunta más apremiante de todas: “¿Hasta qué punto ha muerto y no volverá el mundo del campo de concentración así como han muerto la esclavitud o el código de los duelos? ¿Hasta qué punto ha vuelto y está volviendo? ¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros para que en este mundo preñado de amenazas, ésta, al menos, desaparezca?” Realizando estos cuestionamientos y sobre el concepto del <em>musulmán</em> –una suerte de muerto vivo del <em>Lager</em>, sin lenguaje y atrofiado de toda capacidad de memoria, testimonio o reflexión– es que Levi nombra a Lidia Rölfi. Levi explica que solo en el campo de concentración de Ravensbrück se usaba un término diferente, o más bien dos, para nombrar a esta novísima forma del horror. En Ravensbrück se les llamaba <em>Schmutzstück y Schmuckstück</em>, respectivamente “inmundicia” y “joya”, dice Rölfi en boca de Levi.</p>
<p>Aquí es donde comienza un nuevo diálogo suspendido, fantasmal, acá es donde la imaginación sale de visita.</p>
<p><strong>Las Mujeres de Ravensbrück</strong></p>
<p>Lidia Beccaria Rölfi es la primera y más sólida testimoniante del libro <em>Las Mujeres de Ravensbrück</em>, primera traducción al español publicada por Editorial LOM que reúne una serie de testimonios escritos y orales de un conjunto de mujeres que pasaron por la experiencia del campo. Si los cuerpos testimoniales son limbos interpretativos –como dijera Beatriz Sarlo en <em>Tiempo Pasado</em>–, si los testimonios son fragmentos de un juego coral dispuesto siempre a los vaivenes y cambios del tiempo y de quienes actúen como jueces del presente, <em>Las Mujeres de Ravensbrück</em> corresponde a una excepción total dentro de la excepción de los campos: dicho <em>Lager</em> fue el único habitado solamente por mujeres.</p>
<p>Es por ello que los testimonios de este libro pueden nombrar elementos nuevos en el horror, elementos apenas rozados por los textos y reflexiones de una autoridad como Levi, situaciones tales como la experimentación con bebés y cobayas humanas, o las “políticas” nazis vinculadas al casi innombrado caso de los embarazos y nacimientos en los campos de concentración; detalles enfocados desde el punto de vista de la intimidad femenina o la participación y responsabilidad de empresas que hasta el día de hoy nos proveen de electrodomésticos como es el caso de <em>Siemens</em>, fábrica que junto a muchas otras –con responsabilidades olvidadas en función del bienestar económico alemán de postguerra– participó de la maquinaria asesina que utilizó a humanos como pieza e insumo industrial a modo de eliminación productiva. <em>Siemens</em> tenía sus inmensas instalaciones industriales a un costado de Ravensbrück, Lidia supo que llegar ahí era una de las pocas formas de sobrevivir. Así lo hizo, y así nos lo cuenta.</p>
<p>Es por todo lo anterior que este libro es fundamental, entre una constelación de textos que han logrado permanecer al margen de una serie de políticas de memoria bastante dudosas, y se suma a obras importantísimas y fundamentales como las de Primo Levi, <em>Mauss</em> de Art Spiegelman, <em>Noche y Niebla</em> de Alan Resnais, o los trabajos académicos de Jean Louis Deotté o Andreas Huysen. La mayoría, trabajos que utilizan aquello llamado por Levi <em>la materia prima de la indignación, </em>pero no como aullido de dolor, sino como medio para racionalizar y comprender las pavorosas dinámicas sociales de los campos, herencia central de nuestras sociedades contemporáneas y sus dinámicas laborales, sociales, económicas.</p>
<p>Si bien parece exagerado sumar a Latinoamérica a dicha herencia por cuestiones de distancia o diferencia cultural, el concepto de lo <em>humano</em> bastaría para justificar una preocupación mundial alrededor de esta mancha tan notoria del siglo pasado. No es suficiente sino en la medida que estos textos nos sirvan para discutir políticamente situaciones que pueden parecer tan anodinas como ver a un músico tocando la melodía llorona de <em>La Lista de Schindler </em>en una micro y la emoción exacerbada de los viajeros que entregan una moneda al borde del llanto, sin notar el lugar donde están parados y toda la corriente que debió pasar por la historia y la sociedad para verse tan apretados y sistematizados y abusados como están. Rölfi o Levi, en sus testimonios, sintieron una necesidad constante de poner su caso como el más brutal y escabroso del siglo pasado y de la historia en general –el mismo Levi lo compara con la masacre indígena en la Latinoamérica de la Conquista donde, al menos, murieron sesenta millones en manos y pestes europeas, y por intensidad, factores temporales y tecnológicos usados, propone que el caso de los campos es peor–. El genocidio y los campos de concentración le corresponden mucho más a los herederos de esa historia, pues los conceptos “derechos del hombre, o lo humano” a pesar de ser extremandamente necesarios, corresponden a un concepto acuñado por su misma visión en tanto se origina tras la Revolución Francesa.</p>
<p>Así la revisión de <em>Las Mujeres de Ravensbrück</em> permite comprender, a través de la experiencia ajena, modelos que se replican en nuestros sitios, ya que no hay que ir muy lejos para encontrar un texto como <em>El Informe Valech</em>, sobre todo el capítulo V, correspondiente a testimonios de prisioneros y torturados políticos durante la dictadura de Pinochet. La aparición recurrente de los textos antes nombrados permite razonar, desde experiencias ajenas, por qué, por ejemplo, el mismísimo Ricardo Lagos planteaba en la introducción que al elaborarse aquellos informes parecía acabar un proceso. El diálogo fantasmal entre personajes como Levi y Rölfi –entre muchos otros– permite demostrar que no hay nada más estéril en torno a los horrores que permitir su petrificación Histórica, su conformación caricaturesca, su monumentalización, como el gesto nefasto de Ricardo Lagos. Por suerte y casualidad, he sabido que ya se están recopilando nuevos testimonios para seguir modificando el informe en sí, o al menos de ese modo se leía en la embajada de Chile en México hace un par de meses.</p>
<p>Resulta curiosa una escena de aquellos testimonios que  podrían ser el <em>Diario (1953-1969)</em> de Witold Gombrowicz, europeo brillante, al borde de la sofisticación y el absurdo, trasplantado en la Argentina de mediados del siglo XX. Ya bien entrado el año 1958, llegaba al entonces desolado paraje cultural de la provincia argentina de Tandil –que yo imagino similar al pueblo de Santiago –. Mientras razona que en la confusión de su vida, en ese caos de acontecimientos, ha advertido cierta lógica en el desarrollo de la tramas (cuando una idea llega a ser dominante, dice, empiezan a multiplicarse los hechos que la nutren desde el exterior) es cuando Witold se da de frente con un muro con una serie de inscripciones de tiza sobre piedras: &lt;&lt;LOOR Y GLORIA POR LOS MÁRTIRES DE NÜREMBERG.&gt;&gt;. ¿Un hitleriano en Tandil? ¿Y tan apasionado? ¿Después de tantos años? Este fanatismo, ¿dónde?&#8230;, ¿en Tandil?&#8230;, ¿por qué aquí?, se pregunta Gombrowicz.</p>
<p>Y así continúa la trama.</p>
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		<title>Arkady Avérchenko: Una risa en la oscuridad</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Jun 2010 21:06:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hugo Rivas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[<p style="text-align: right;">“La risa, una risa terrible,<br />
venenosa como el aguijón de los escorpiones,<br />
será nuestra arma”.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Arkady Avérchenko, Manifiesto, Revista Satyricon, 1908.</em></p>
<p style="text-align: right;">Estamos en San Petersburgo,&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;">“La risa, una risa terrible,<br />
venenosa como el aguijón de los escorpiones,<br />
será nuestra arma”.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Arkady Avérchenko, Manifiesto, Revista Satyricon, 1908.</em></p>
<p style="text-align: right;">Estamos en San Petersburgo, en 1908, y Archavy Avérchenko, la principal figura del movimiento satiriconiano, nos lee el manifiesto donde amenaza a la sociedad con revelar todas aquellas mentiras y bajezas que imperan en la vida social y política.</p>
<p>Arkady está serio, parece molesto, y su voz se alza en medio de aquellos que están acostumbrados a reír con sus escritos y no han percibido, en ellos, ni la más mínima cuota de agresividad.</p>
<p>Y es que la lectura a la que comúnmente se sometió este autor,  –y que lo llevó a ser el escritor ruso más leído de su época–, acostumbraba seguir rutas establecidas desde una perspectiva distinta, cegados con el brillo de la dinámica y el humor de sus textos, y dejaba de lado quizá lo más importante en sus escritos: el objeto y objetivo de aquella risa. El sonido hueco y oscuro que se escondía en aquellas carcajadas.</p>
<p>Pero Avérchenko (que había nacido en Sebastopol hacía poco menos de 30 años) termina su discurso y vuelve a reír, y en su risa no parece existir nada oscuro; brinda junto a todos aquellos de quienes se ríe en sus escritos, y todo parece volver a la normalidad.</p>
<p>La venta de sus libros, por lo demás, –a pesar de continuos exabruptos en reuniones donde parece atacar, siempre tras una sonrisa, a los distintos asistentes–, sigue incrementándose, a la vez que la cantidad de libros publicados es cada vez más abundante, tanto así que en los diez años siguientes a la lectura del manifiesto podemos encontrar más de 40 libros de relatos, sin considerar los pequeños textos para revistas y otras numerosas obras teatrales igualmente exitosas.</p>
<p>Sorprende también encontrar en esa gran abundancia, una variedad de temas casi igual de abismante, historias que ocurren en distintas realidades, en diversos niveles sociales y que encuentran en la naturaleza humana su punto común, el pozo oculto donde Arkady arroja sus carcajadas y las recoge impregnadas de algo que es también la sustancia de otros escritores, que han quedado en la historia como poseedores de una profundidad que a Archavenko no se le reconoció, a pesar de que está presente de forma transversal prácticamente en todos sus escritos.</p>
<p>Es por esto, por lo que alegra la salida al mercado de este autor injustamente olvidado, incluso en su propia patria, ya que las posibilidades de encontrarnos con alguno de sus textos en español sea similar a la de encontrarnos con Kafka en un reality, o en un programa de baile sobre el hielo.</p>
<p><strong>El crimen de la actriz Maryskina</strong></p>
<p>Leerlo hoy en día permite asimismo reconocer en él una serie de elementos que siguen actuales, y que lo vinculan además con otros grandes autores: el tono moralizante de Maupassant, la construcción narrativa directa y clara de O´Henry, y, bajo todo aquello, una comprensión del hombre que nos recuerda en sus mejores escritos a su contemporáneo Chejov. Toda una serie de elementos que unidos a la risa, a la sátira, y los entrañables personajes que pueblas sus escritos, dan por resultado una obra sólida. Necesaria. Actual.</p>
<p>Los textos recogidos en el volumen <em>El crimen de la actriz Maryskina </em>sin embargo, si bien revelan la frescura y son muestra del estilo que hizo célebre en su tiempo a este autor, resultan servir más como un primer acercamiento a su obra, pero no llegan del todo a hacerse cargo del período más oscuro de Avérchenko, que podríamos situar durante su estancia en Praga, luego de que cerrasen la revista que dirigía y prácticamente lo obligaran a dejar el país.</p>
<p>Más allá de esta observación –que no deja de ser algo injusta pues los textos escogidos son sin duda representativos y necesarios–, resaltan en la selección algunos textos que, junto a su aparente simpleza, dan muestra de aquella veta formada en parte por esa indignación contenida, que refuerza y enriquece los efectos humorísticos de su narración.</p>
<p>En estos, además, es posible encontrar una serie de personajes difíciles de olvidar: los amigos que se emborrachan dejando todo de lado y que luego no saben cómo terminar la reunión en que se encuentran; la actriz Maryskina, condenada, como muchos, a la representación de un papel menor al que se creía merecedora y que se niega a ser simplemente una secundaria; o el hombre que descubre en el verbo tramitar la esencia misma de su pueblo, por más que nadie lo necesite y que todo aquel hormiguero siga funcionando como una olla que hierve para nadie.</p>
<p>Y es que Avérchenko sabe recoger, con cada uno de sus personajes, el deseo humano que trasciende a aquella sociedad en que habita. Aquella sociedad que acaba con sus sueños y que puede llamarse Rusia, Santiago, Praga o Constantinopla.</p>
<p>Quizá por eso sus personajes nos recuerdan a niños, algo ingenuos en busca de algo que ellos quieren y que sólo saben que brilla, pero desconocen, aún, su contenido. Como si aspirasen sencillamente a un globo, y que al reventarse, si bien constituye un hecho trágico, se transforma a la vez en algo cotidiano, alegre incluso, cuando se sabe que esto debe siempre ocurrir, que es inevitable, y sólo queda pasarse un buen rato jugando con aquello antes que reviente, o peor aún, se desinfle.</p>
<p>De hecho, el mismo Avérchenko expresa su preferencia por ese elemento infantil, señalando en uno de estos textos que lo único que queda por hacer, con una persona que ha dejado de ser niño, <em>es amarrarle una piedra al cuello y lanzarlo al agua</em>. <em>Porque el adulto es siempre un canalla</em>, culmina, <em>y está demasiado seco como para aspirar a otra cosa</em>.</p>
<p>Y es que en cierto sentido es cierto, la risa de Avérchenko parece sumergirnos –junto a todos aquellos que hemos olvidado lo que significaba ser niños–, en el interior de un pozo. Un lugar oscuro y sin embargo acogedor, donde podemos escuchar <em>una risa en la oscuridad</em>, como diría Nabokov, sólo que en este caso sin atemorizarnos, pues hemos comprendido rápidamente que ese lugar es en verdad un refugio, un lugar desde donde se ve el engranaje de aquello que creímos natural y aceptamos sin más.</p>
<p>Y estar ahí, en medio de esos personajes, resulta en cambio una experiencia nueva, altamente hermosa. Sana como la sonrisa de un niño, o estar en medio de una de esas películas en blanco y negro lanzándonos pasteles. Una experiencia nueva. Gratificadora. Refrescante.</p>
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		<title>Ejercicios con la memoria</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Jun 2010 15:00:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Córdoba</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Lectura de <em>La</em> <em>patria interrumpida</em></p>
<p>¿Por qué “una patria interrumpida”? Hay dos cosas que comentar: es el título y lo que denota este libro de Sanhueza y Pinedo. La patria es la tierra&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lectura de <em>La</em> <em>patria interrumpida</em></p>
<p>¿Por qué “una patria interrumpida”? Hay dos cosas que comentar: es el título y lo que denota este libro de Sanhueza y Pinedo. La patria es la tierra de los padres y las madres, la tierra que nos lega derechos y cultura, la que queremos incondicionalmente y por la que nos indignamos cuando hay injusticia. Entonces cuando hay injusticia se quiere hacer algo para subsanar los males de la patria, porque esa tierra es también el lugar de los proyectos personales. La patria es un proyecto colectivo. Pero la patria no se interrumpe a sí misma, es interrumpida, se interrumpe el proyecto colectivo. ¿Cómo se interrumpe? Por la fuerza, ya que no por la razón. ¿Cómo se mantiene el orden impuesto dentro de una patria interrumpida? Con terrorismo de Estado, con desaparición de militantes y con exilio.</p>
<p><em>La patria interrumpida </em>de Carlos Sanhueza y Javier Pinedo, publicado recientemente por editorial LOM, contiene un prólogo y once artículos sobre diferentes facetas o experiencias de exilio, desde los primeros indígenas expulsados por reivindicar su cultura y denunciar el saqueo, hasta los militantes partidistas de las organizaciones revolucionarias de las décadas de 1960 y 1970 en toda Latinoamérica; se rescatan tanto las experiencias de los luchadores sociales previos a la etapa de las independencias americanas (Fray Servando Teresa de Mier, Juan Pablo Vizcardo y Guzmán y Juan Bautista Condorcanqui –hermano de José Gabriel, más conocido como Túpac Amaru–) como los exilios masivos propiciados por la terrible época oscura de intervención militar en América Latina, sin olvidar algunos ejemplos intermedios, como el caso de Isidoro Errázuriz. Es entonces lógico que un libro de estas características tenga este nombre. Con los ojos puestos en la patria grande, los artículos, indistintamente, se debaten entre las condiciones, las causas y las experiencias del exilio, entendido como algo más que la simple negación de la libertad individual dentro de los límites del país, de la mano del autoritarismo y las fuerzas represivas del Estado. Cómo no recordar entonces los versos del malogrado poeta salvadoreño, Roque Dalton:</p>
<p>“La propiedad privada, efectivamente,</p>
<p>más que propiedad privada</p>
<p>es propiedad privadora.</p>
<p>Y la <em>libre empresa</em> tiene presa a la Patria.</p>
<p>Salvemos a la propiedad</p>
<p>y hagamos libre de verdad a la empresa</p>
<p>convirtiéndolas en propiedad y empresa de todos.</p>
<p>De todos los de la Patria”.</p>
<p>El foco principal se pone en el aspecto humano del exilio, como una experiencia que genera una serie de conflictos internos en la que confluyen; por un lado, el dolor por la distancia impuesta, por las pérdidas familiares y materiales, por el destino errante de la patria y la sensación de que se cae toda la construcción social por la que lucharon, y, por otro lado, esa cultura nueva que los recibe y que les impone una nueva realidad, con nuevos valores y otras luchas. Los casos paradigmáticos son los de las mujeres y los mapuches. En estos colectivos el exilio trajo aparejada la conciencia de la desigualdad en el país de origen, a la vista de una nueva realidad. Este tomar conciencia implica un cambio de visión y la búsqueda de nuevas reivindicaciones que se suman a las normales y comunes a todos los exiliados: los derechos humanos y el fin del terrorismo de Estado. Si bien podemos hablar de una patria grande latinoamericana, <em>Nuestramérica</em> en palabras de José Martí, siempre el viaje forzoso es causa de un dolor profundo por la distancia y la necesidad imperante de insertarse en una sociedad, que es ajena y en la cual no se puede continuar la lucha por el país que se quiere, aunque sea dentro de los límites de esa patria grande. Tal es el caso de los exiliados chilenos en Mendoza, ciudad fronteriza y con una gran comunidad chilena, pero con otra realidad igualmente compleja y dura.</p>
<p>Toda lectura es ponerle el hombro a una experiencia diferente, una forma de ver las cosas e interpretar con lo que tenemos a mano en nuestra mente, con los conocimientos previos; la lectura de estos ensayos trae una gran cantidad de preguntas para los que sabemos del exilio por otras lenguas y no hemos vivido esa experiencia. “Tocar de oído” sería la metáfora musical para mi interpretación. Uno trata de insertar lo nuevo dentro de los parámetros de lo conocido para agrandar ese conocimiento y enriquecer las futuras lecturas. Para quienes ya posean el conocimiento previo este libro ofrece un intenso ejercicio de memoria, algo que siempre es útil, sobre todo en estos años de políticas tramposas que intentan poner máscaras sociales al modelo terrible de explotación del ser humano por el ser humano. Para quienes no tenemos el conocimiento previo este libro nos ofrece la oportunidad de agrandar el bagaje para futuras lecturas e interpretaciones; algo fundamental en el proceso de recuperación de esa rebeldía sana que llevó a nuestros padres y a nuestras madres a creer en la construcción de una realidad otra, a creer en la posibilidad de una patria nueva para nosotros. El olvido es ingratitud y la falta de memoria es funcional al deterioro del humano por su semejante, y si esta publicación sirve, esperamos visibilice algunas propuestas con su revisión.<img src="http://www.carcaj.cl/wp-content/themes/carcajcl-theme/images/finale.png"/></p>
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		<title>Señales de ruta en La Comedia de Chile</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Jun 2010 15:00:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Bustos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>La Comedia de Chile, de Guillermo Rivera (Valparaíso, 1958) está dividido en cuatro capítulos: “La avidez del autor”, “Irrupción de los padres”, “El jardín de su Edén” y “Ausencia de obra”.</p>
<p>La primera parte del libro está dominada por el&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La Comedia de Chile, de Guillermo Rivera (Valparaíso, 1958) está dividido en cuatro capítulos: “La avidez del autor”, “Irrupción de los padres”, “El jardín de su Edén” y “Ausencia de obra”.</p>
<p>La primera parte del libro está dominada por el cuadro de Diego Velásquez, Las Meninas, también llamado hacia 1666 La familia de Felipe IV. Este retrato representa como personaje central a la infanta Margarita en una situación cotidiana y familiar, teniendo como irrupción paradigmática al propio pintor, Velásquez, dentro del mismo cuadro.</p>
<p>Para algunos Las Meninas son el primer manifiesto sobre la pintura como arte liberal. Es decir se devela al pintor como productor de la obra, escenificándose en relación al objeto, dándole de cierta equivalencia con la monarquía. Pues para Velásquez era muy importante la profesionalización del pintor, denominando a la pintura como un arte mayor dentro de las artesanías de esa época. Dicho esto, podemos establecer que el cuadro aludido sufre por parte del autor una apropiación simbólica, inaugurando el libro en el forcejeo entre arte y sociedad. También en esta sección del libro, podemos observar cierta narración del estado de las cosas, una situación histórica que evidencia el trauma de la Dictadura.</p>
<p>Por ejemplo el poema: Pero ¿quiénes eran esos con los rostros pintados?:</p>
<p>Dijeron Campo Lindo y las Meninas corrieron con un grupo/ Hacia un costado. Después dijeron 2 de Abril/ Y se desprendieron cuerpos desde el otro lado del galpón./ Y en esa luz plomiza/ Dijeron Ranque. El Patahuel. Histilicán.</p>
<p>Todos estos nombres que aparecen mediados por Las Meninas, responden a lugares y fechas de matanzas de obreros agrícolas, muertes perpetradas inmediatamente después del golpe militar.</p>
<p>Entonces tenemos en este primer capítulo al cuadro, como ícono central donde el sujeto despliega su experticia aludiendo a cierto contexto político de época. El epígrafe de Juan Luis Martínez que encabeza esta sección, correspondiente a la Nueva Novela, activa la problematización que el autor nos propone, realizando una tensión interesante con Velásquez desde un doble vínculo de aparición y desaparición.</p>
<p>El segundo capítulo: “Irrupción de los padres”, de tono más narrativo, el hablante dialoga con Carmen, una mujer que parece compartir con el sujeto una situación de familia. En esta sección la casa, el barrio, la familia, es acompañado con ciertas huellas del recuerdo de una época que podríamos situar en los sesenta.</p>
<p>Carmen, estas cosas no protegen a nadie. Hace mucho tiempo la/ cortina del templo se desgarró. Los nudos están rotos. ¿Comprendes?/ Las palomas duermen en las veredas y las horquillas flotan en lavazas de aceite.</p>
<p>“La irrupción de los padres” está mediada por la desintegración de un espacio-tiempo, que podemos llamar familiar por ejemplo: ¿Dónde están los niños que ahora leen? O Nuestra hija se parece a ti, Carmen. Ella vive la enfermedad derramándose en su gorra de baño.</p>
<p>En este segmento del libro, habita un tono más bien nostálgico, de un espacio emocional simbólico que al parecer se extinguió:</p>
<p>El amor puede fustigar, hundir, pero no puede matar. Puede formar/ un sedimento y puede uno dejarlo así. Yo te he dejado con tu vida/ confundiéndose a las estanterías del cuarto. Cuando tu pelo caía/ sobre tus brazos. Y el noticiero de la tarde adquiría ese aspecto teatral/ de las grandes nubes desplazadas por el cielo.</p>
<p>Estas huellas, actúan como encriptaciones de la experiencia, singularidades vaciadas por la muerte. Mallarmé, señala que el trabajo del poeta es esculpir durante toda su vida, su propia tumba. Podríamos decir que el poeta revisita por medio del lenguaje metafórico, impresiones que han sido alojadas en el cuarto oscuro del inconsciente.</p>
<p>Rivera además de retratar esas capsulas perdidas de la historia, arroja dentro del sujeto la piedra al lago de los símbolos para llenar el espacio vacío. La introyección, es decir un deseo, un dolor, una situación que pasa por el lenguaje en una comunión de bocas vacías, según indican Nicolas Abraham y María Torok. El lenguaje poético actuaría como compensación de esa ausencia, figurando la presencia. De ahí la importancia de Carmen como incorporación dentro de la introyección como vocación nostálgica.</p>
<p>El tercer capítulo “El jardín de su Edén”, se inicia con el epígrafe de Roberto Bolaño de su libro de poesía Tres el poema siete: Soñé que visitaba la mansión de Alonso de Ercilla. Yo tenía sesenta años y estaba despedazado por la enfermedad.</p>
<p>Es extraño constatar que este capítulo de La Comedia de Chile, tiene más relación con el título de la segunda parte (“Irrupción de los padres”), pues la imagen del padre, en este caso Alonso de Ercilla y porque no decirlo de algún modo la referencia a Bolaño, abren un recorrido de sueños del hablante, dominado por algunos “Pater del lenguaje”. Cada poema se inicia con un primer verso alusivo a un poeta, por ejemplo: Sueño número uno: Pablo Neruda, Sueño número dos: Armando Uribe, Sueño número tres: Gonzalo Rojas, Sueño número cuatro Ennio Moltedo, así hasta terminar en el sueño ocho con Raúl Zurita. Todos poetas que configuran una cartografía de la poesía chilena y que Rivera sale al encuentro como para situar su propia escritura.</p>
<p>El sujeto de algún modo no renuncia a la idea de familia y comunidad, que se inicia (en) desde el retrato de Las Meninas en el primer capítulo, y que luego se extiende y profundiza a la conversación con Carmen (“Irrupción de los padres”), hogar donde se despliega un peculiar espacio emocional. En “El jardín de su Edén”, los poetas mencionados irrumpen como puntos cardinales de lo que podríamos llamar una familia poética. Una genealogía lírica.</p>
<p>En el último capítulo “Ausencia de obra”,  el autor nos propina un asertivo epígrafe, señal de ruta, que nos conduce esta vez a Anna Livia personaje de Finnegans Wake de James Joyce. Al igual que en el primer capítulo, el sujeto recupera la idea del personaje central, en este caso las lavanderas.</p>
<p>No te desanimes/ Mira esas hebillas blanqueadas del rotoso Chile/ como si fuera una crecida de zarzamoras/ la madrugadora agua de una palangana o bien las viejas bragas/ de una maestra solterona.</p>
<p>O estos versos del poema número 13:</p>
<p>Tal vez las ropas deberían evaporarse o dejarse evaporar./ Sin posibilidad de influir/ en destinatarios ávidos de heridas o en mensajeros heridos / de antemano./ Hay que mirar con cuidado las camisas que están hechas para ofrecer/ el paraíso o para quitarlo.</p>
<p>Las lavanderas siempre han tenido un lugar característico dentro de las distintas culturas. Estos grupos de mujeres dejan su rol familiar para reunirse con sus iguales, es ahí donde ocurre el intercambio, la conversación como oportunidad para intimar entre las mujeres, teniendo como actividad central lavar las ropas de la comunidad, sean en ríos, piletas, pozos o grifos. Una actividad social y colectiva tan importante como la de las Ollas Común en las poblaciones.</p>
<p>Rivera agudiza su oído y actúa casi como un antropólogo en un estudio de campo, donde capta los diálogos de este grupo. Lo interesante sería preguntarnos qué lugar ocupa la ropa, la vestimenta. Sabemos que la ropa es la objetivación de un rol específico dentro del engranaje social, y la suciedad y su erosión en las telas, serían las señales inequívocas de la vida privada de una comunidad en un determinado período histórico.</p>
<p>Entonces tenemos a Velásquez con sus Meninas y hacia final, tenemos a Alonso de Ercilla con su consecuente relacional La Araucana. Dos extremos del libro que esencialmente refieren a acciones fundacionales, el primero desde el campo de la pintura, y que abre el pensamiento moderno, a decir de Foucault. Y el segundo, Ercilla, poeta inaugural de la tradición de la poesía en Chile y que en su libro La Araucana despliega una observación aguda de la realidad, que bien puede ser vinculante a la operación hecha por Rivera al meter su nariz en el micromundo de las lavanderas en la última sección del libro.</p>
<p>La cuarta y última parte, Rivera vuelve a usar al personaje como clave dentro de la obra, en este caso las lavanderas, dentro de un contexto cultural, que podríamos identificar como chileno. Anna Livia Plurabelle, encarna a todas las lavanderas del mundo, donde las ropas metonímicamente son la intimidad, por tanto la historia acaso no oficial de los espacios populares.</p>
<p>Resulta interesante la operación de tomar personajes inspirados de la alta cultura europea como Las Meninas o la lavandera de Joyce dentro de un contexto más bien local. Esa extracción más que universalizar la obra de Rivera, acomete un acto de antropofagia. Es decir Guillermo Rivera se apropia de estos personajes, para que estos convivan con una realidad totalmente ajena de la que fueron originalmente creados.</p>
<p>Quizás ésta sea una de las grandes cualidades de este libro, una lucidez que pasa por la apropiación simbólica de ciertos personajes paradigmáticos.</p>
<p>La Comedia de Chile es un libro contundente, que expropia el botín del conquistador por así decirlo, para hacerlo correr bajo una geografía local, donde subyace la violencia de una realidad insoslayable, interferida por voces y discursos que escenifican, incluso desde su ausencia, que la ropa sucia no siempre se lava en casa. <img src="http://www.carcaj.cl/wp-content/themes/carcajcl-theme/images/finale.png" alt="" /></p>
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		<title>Comunidad en tránsito: la urgencia de las prácticas artístico-políticas en Argentina</title>
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		<pubDate>Sun, 30 May 2010 17:14:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Laura Lattanzi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Sabemos que en la actualidad las grandes empresas se preocupan más por los procesos de circulación y los códigos de consumo, que por los tradicionales medios que intervienen en el proceso productivo. Las&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sabemos que en la actualidad las grandes empresas se preocupan más por los procesos de circulación y los códigos de consumo, que por los tradicionales medios que intervienen en el proceso productivo. Las ganancias parecen ya no obtenerse de las ventajas de la cadena de montaje, sino más bien de los departamentos de marketing, de la publicidad y de los estudios de mercado. Este desplazamiento significa un cambio en la lógica no solo de las grandes empresas sino también de los diversos campos sociales, que como sabemos, poco tienen de autónomos. A partir de esta idea es que nos proponemos pensar en las actuales relaciones entre arte y sociedad, considerando como los cambios sociales pueden ser conjugados (lo que no quiere decir representados) por diversas prácticas artísticas.</p>
<p>Si bien una primer mirada encontraría el correlato artístico de este desplazamiento que se concentra en los procesos de circulación y los códigos de consumo, en el denominado arte kitsch; también existe otra cara “más políticamente comprometida”. Ésta refiere a una reapropiación de los códigos y de las formas de circulación con el fin de subvertirlos. Dentro de esta corriente podemos considerar a los  fenómenos actuales del arte público, la denominada estética de la emergencia<sup>01</sup>, las colaboraciones entre artistas y grupos sociales, etc.</p>
<p>Existe en la actualidad una creciente inquietud por la producción colaborativa, nuevas formas de cooperación en los diversos niveles del campo artístico: producción, visibilidad, circulación, legitimación. Desde este enfoque es que muchos analistas del arte (el más importante de ellos, Nicolas Bourriaud) nos hablan de un arte relacional y de la producción de comunidad como modalidad privilegiada de la praxis artística.</p>
<p>La posibilidad, entonces, de formar comunidad y lazos de solidaridad en un mundo global al que se tilda de fragmentado, desregulado e individualista nos plantea nuevos interrogantes. El concepto de comunidad parecía ya no tener cabida en un mundo que había sido catalogado de individualista, y cuyo correlato artístico más visible fueron las experiencias del tipo “intimistas”. Sin embargo debemos considerar que la nueva revalorización del concepto de comunidad tiene, en este contexto, sus propias particularidades. Scott Lash menciona que en la actualidad nos encontramos frente a comunidades postradicionales las cuales suelen ser menos formales; y en esta misma línea podemos pensar en los aportes de Agamben y Maffesoli quienes advierten que las nuevas comunidades son más bien abiertas, lúdicas y significan un anclaje poco arraigado (en términos esencialistas) entre los individuos. Lo que se genera son redes, combinación de individuos que se unen no necesariamente por fines racionales, pero tampoco por una cualidad esencial que los una a todos.</p>
<p>Por lo tanto en un contexto de metrópolis globales en donde se observa una creciente urbanización del experimento artístico, es la misma imagen, con su fuerte poder vinculante, la que nos invita a generar lazos, la que invita a la participación y la empatía, haciendo posible, entonces, la configuración de espacios relacionales. Desde esta perspectiva, se piensa a la estética como un medio de experimentar o de sentir en común; a su vez, que es un medio para reconocerse.</p>
<p>Nicolas Bourriaud, nos advierte que las obras ya no tienen como objetivo formar realidades imaginarias o utópicas (característicos de los grandes relatos teleológicos de la modernidad), sino constituir modos de existencia o modelos de acción dentro de lo real ya existente: “<em>En lugar de inspirarse en la trama social, se inserta en ella</em>”. Partiendo de esta premisa se podría pensar que el arte contemporáneo es siempre político o comprometido, sin embargo deberíamos tener cuidado en este aspecto y no caer en relativismos que le quitan capacidades analíticas y explicativas a los conceptos: el concepto de un arte político es de por sí complejo.</p>
<p>Ahora bien, este insertarse en el entramado social no significa necesariamente una participación activa o un proyecto político-social, sino también servirse de él, saber apropiarse y habitarlo de forma estética. De esta forma los artistas consideran ese entramado social como un catálogo abierto con el cual jugar y configurar formas quizás, azarosas. Así se pretende apropiarse de todos los códigos de la cultura, de todas las formalizaciones de la vida cotidiana y hacerlos funcionar: combinar, reapropiar, resignificar. Estéticas que pueden ser pensadas como estrategias formales  para “reprogramar las formas sociales”, “nuevas formas de captar lo real” que tienden a romper con las figuras estáticas, y predeterminadas que imponen una cultura hegemónica. De esta forma el énfasis parece ser el de construir relatos alternativos, múltiples, infinitas posibilidades que se orientan a la dislocación de lo existente, con el objetivo, aunque no necesariamente o conscientemente buscado, de crear nuevas formas sociales. Se puede pensar, entonces, que el arte contemporáneo se aparta de la vieja y costosa pelea entre el realismo y el modernismo, e intenta superarla: ya no representar la realidad sino insertarse en ella, y hasta servirse de ella.</p>
<p><strong>E</strong><strong>xperiencia</strong><strong>s</strong> <strong>de activismo cultural en </strong><strong>A</strong><strong>rgentina hoy</strong></p>
<p>En Latinoamérica nos encontramos con varios de estos casos. Sin embargo y, sobre todo, en situaciones que podemos denominar como de urgencia, muchos de los colectivos se crearon a partir de fines políticos concretos, tornando difuso -y complejizando- el límite entre arte y política, y entre artista y militante. Uno de estos casos se produjo en la Argentina al calor de la crisis del 2001. Aparecen en este contexto diversos colectivos artístico-políticos que intervienen en el espacio social revitalizado a partir de la rebelión popular de Diciembre de 2001, con una impronta crítica y activista. De esta forma participan en convocatorias externas al circuito artístico: fábricas recuperadas, escarches, piquetes, asambleas y movilizaciones. Participan además en conjunto con agrupaciones sociales: grupos piqueteros, trabajadores, asambleas, agrupaciones en torno a las víctimas de la última dictadura, etc.</p>
<p>Nos referimos a las acciones de grupos como ETC, GAC (Grupo de Artistas Callejeros) y  TPS (Taller Popular de Serigrafía).  El TPS, por ejemplo, interviene en el espacio público luchando por reclamos sociales con el uso de la serigrafía. El colectivo participa de diversas convocatorias sociales como las iniciativas en torno a la fábrica recuperada Bruckman, marchas en torno a la desaparición de Julio López, huelga de los trabajadores del subterráneo, movilizaciones en torno al asesinato de Kosteki y Santillán, piquetes, etc. En estas ocasiones su intervención consiste en imprimir, en el mismo momento de la acción pública, carteles, remeras o cualquier superficie. Los diseños son confeccionados para cada ocasión.</p>
<p>El GAC, genera la gráfica de los escarches en las que se destacan sus carteles que subvierten el código vial, simulando ser una señal de tránsito habitual, cuando en realidad están señalando espacios que están en estrecha vinculación con la historia represiva de la última dictadura argentina. Éstos indican, por ejemplo, la proximidad de un ex centro clandestino de detención, o  los domicilios donde actualmente viven los represores.</p>
<p>Si bien el colectivo artístico Iconoclasistas es posterior a estos grupos, también toma elementos de la cultura urbana con fines político-críticos. Este colectivo pretende realizar una “guerrilla de la comunicación”, en la que se sirven de íconos de la cultura cotidiana y popular (diversos logos y marcas del mercado comercial-cultural) con el fin de subvertirlos, destacando los peligros y desigualdades de un capitalismo salvaje. Es decir toman los mismos mecanismos del capitalismo para denunciar su lógica perversa y desigual. El colectivo considera a <em>“la comunicación como una práctica política desde la cual crear recursos gráficos orientados a establecer rupturas en las significaciones, como forma de resistencia e influencia en el imaginario social, pero también como propuesta de cambio y de transformación”</em><sup>02</sup>. De esta forma, se invita a socializar las imágenes para que cualquiera pueda utilizarlas y todos participen de, lo que ellos consideran, una batalla desde lo simbólico.</p>
<p>A su vez debemos mencionar que si bien estos colectivos forman parte del entramado artístico del arte argentino de los últimos años, debido a su carácter fuertemente político y contestario, se encuentran en los lindes de la institución artística. En algunos casos por decisión propia se elige mantenerse fuera (como es el del grupo GAC que entre el dualismo impuesto de artista y militante se inclinan con fuerte decisión hacia lo segundo). Y en otros casos están sujetos a los vaivenes y luchas simbólicas dentro del campo artístico: en un primer momento estos grupos no son visibles dentro del circuito hegemónico artístico, hasta que comienzan a ser estudiados y tomados en cuenta por académicos, críticos y/o curadores, son invitados a Bienales Internacionales, y a diversas exposiciones. Frente a este nuevo interés institucional muchos grupos se cuestionan su participación dentro de las instituciones artísticas, es que sienten que el “fantasma” de la institucionalización, que significó la puesta en crisis de las vanguardias histórica, los acecha.</p>
<p>Los lazos que se generan alrededor y dentro de estos colectivos no se agotan en el fin concreto que buscan, sino que el fin es más bien movible, lo que nos lleva a pensarlos en sintonía a las características de las nuevas comunidades que hemos mencionado. Las agrupaciones buscan siempre otros grupos sociales con los cuales entrar en contacto, a la vez que se relacionan y generan lazos con otros artistas, provenientes de diversas disciplinas. De esta forma nos encontramos con agrupaciones abiertas y no cerradas, que generan lazos con agrupaciones sociales, y que dentro del grupo no poseen una fuerte identificación.</p>
<p>Ahora bien, ¿podemos pensar estas experiencias a la luz de los análisis de los teóricos occidentales hegemónicos antes mencionados? Si bien se observan elementos en común, como el considerar la cultura cotidiana como un catálogo abierto con el cual experimentar, la idea de una “reprogramación de lo social” y el creciente interés por generar relaciones; los artistas que conforman estos colectivos no quieren ser pensados dentro de estas etiquetas. Puede que existen aspectos en común, un mismo “espíritu formal de la época” que no pude ser negado, pero en el caso de estos grupos artístico-políticos hay una clara y concreta voluntad de acción y cambio que se ve acentuado en situaciones de crisis, de urgencia. Sin embargo, el límite aquí es más bien difuso e impuesto por la misma tradición bipartita que pretende, como la misma lógica capitalista, etiquetar los fenómenos en binomios del tipo: comunicación o experimentación formal, fuera o dentro de la institución, artista o militante, etc. Cuando en realidad se observa, que estos grupos están continuamente desafiando estos binomios, al estar a la vez, fuera y dentro del campo institucional, o comunicando y a la vez experimentando desde lo formal.</p>
<p>Intervenir en el espacio público parecer ser la consigna en estos casos. El resultado es la creación o subversión de imágenes que generan un poder vinculante y que permiten una mayor visibilidad de los más perjudicados por las políticas neoliberales argentinas. A la vez que denuncian las perversiones del capitalismo: desde el terrorismo de estado, la represión, hasta la pobreza y  gran pauperización que sufrió la sociedad argentina en los últimos 30 años.<img src="http://www.carcaj.cl/wp-content/themes/carcajcl-theme/images/finale.png"/></p>
<hr />
<ol class="footnotes"><li id="footnote_0_1141" class="footnote">Nos referimos a los fenómenos que analiza Reinaldo Ladagga en su libro: <em>Estética de la emergencia</em></li><li id="footnote_1_1141" class="footnote"><a title="iconoclasistas" href="http://www.iconoclasistas.com.ar/quienessomos01.php" target="_blank">http://www.iconoclasistas.com.ar/quienessomos01.php</a></li></ol>]]></content:encoded>
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		<title>Una mirada a la República a la luz del Bicentenario</title>
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		<pubDate>Sun, 30 May 2010 17:09:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrian Maile</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Nos atraen la cifras cerradas: 10, 100 ó 200 años en este caso, el Bicentenario. Y los Medios de Comunicación instalan el concepto, incorporándolo en el discurso cotidiano de forma invasiva. La celebración&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Nos atraen la cifras cerradas: 10, 100 ó 200 años en este caso, el Bicentenario. Y los Medios de Comunicación instalan el concepto, incorporándolo en el discurso cotidiano de forma invasiva. La celebración de la República es una idea que puede abordarse desde diversas lecturas, como una invitación a participar a toda la comunidad chilena, una convocatoria donde el punto de encuentro se daría en todos los ámbitos, sin exclusión, con un sentido homogéneo absoluto. Las reflexiones que nos guían son abundantes, desde qué se entendería por República, desde considerarla un concepto cerrado sin lugar a equívocos, hasta diversas interpretaciones sobre ella y distintas miradas de esta definición.</p>
<p>Dentro de las múltiples creaciones humanas la expresión organizativa de una Nación es sumamente compleja, pues aborda el cómo se manifiesta en lo territorial y la comunidad de voluntades. El elemento cultural no es ajeno y el devenir republicano es una construcción en constante desarrollo que se expresa en un <em>ethos</em>. La celebración del Bicentenario no escapa a ello, y, obviamente no haremos mención alguna a las diversas interpretaciones que se producen si es o no Independencia, debate o aclaración que al menos mediáticamente no tiene cabida hoy.</p>
<p>Tal como sucedió hace un siglo, el debate sobre en que pié estamos se repite en la actualidad. El detenerse y mirar qué había sucedido hasta 1910 para analizar y corregir el rumbo si es necesario. Hoy, dos siglos más tarde, estamos en la misma disyuntiva, más allá de las celebraciones de carácter estético, está el fondo de la cuestión, mirarnos y analizar cómo lo hemos hecho y cómo lo estamos haciendo en la creación constante de <em>es</em><em>a</em> República. Esta convención cultural de los dos siglos nos debe permitir desarrollar la capacidad de análisis, al igual que los revisionistas de comienzos del S.XX.</p>
<p>Si acertamos a buscar definiciones podemos establecer ciertos parámetros comunes, como hablar desde la organización del Estado, hasta la conformación de individuos con voluntad para establacer una modalidad de organización claramente establecida, es decir, la representación del ordenamiento del territorio y su población en un modelo dado de representación y transmisión de soberanía temporal. Esto es importante ya que contrasta con otras perspectivas de entender la organización de este mismo espacio y sus habitantes.</p>
<p>No se puede acercar a la actualidad de este tema, sin dar una mirada hacia el pasado y la génesis de lo republicano. El contraste tal vez resulte que hay una secuencia entre el origen y su desarrollo, así como también miradas diversas o formas de entender este proceso.</p>
<p>En su texto <em>La creación de la República</em><sup>01</sup> Vasco Castillo reflexiona sobre las bases filosóficas y la construcción de este concepto desde arriba, es decir, una elaboración intelectual generada desde el exterior; hablamos de la Ilustración y esa construcción ideológica poderosa que se difundió desde los núcleos europeos a las sociedades que compartían su misma mirada ya sea por extensión cultural, imitación declarada o bien por considerarla un valor universal. Construcción filosófica heredera de la tradición occidental.</p>
<p>El libro de Castillo, por demás interesante, aporta elementos a la discusión y la mirada sobre esta creación cultural, donde la comunidad organizada establece que camino seguir después de la ruptura con España. Es muy importante tener en cuenta el contexto y quienes forman esta comunidad en formación. Un grupo que detentaba el poder económico y que en una coyuntura global encuentran el momento oportuno para complementarlo.</p>
<p>El sector ilustrado de la sociedad chilena asume este discurso dentro de un contexto internacional que se sumerge en esta idea de organización y trata de imponerla, los conflictos generados son previsibles, unos avanzan otros se resisten en el logro de sus objetivos, cada uno con argumentos válidos, sólo la evolución de cada acontecimiento establecerá cual es el destino de cada zona.</p>
<p>Es en este escenario donde el contacto con las ideas ilustradas tomará fuerza.</p>
<p>Si el discurso filosófico es el que le da el sentido y forma a la organización republicana, Castillo nos ilustra cómo se expresa esta construcción cultural que se llamará República de Chile. El autor toma a Camilo Henríquez que basa su fundamento en la mejor tradición ilustrada, para decir que la “Patria es esta gran familia, esta sociedad de nuestros conciudadanos, que comprende todas las familias […] debemos amar a la patria más que a nuestra familia, que es una entre tantas. El interés personal está unido al bien de la patria, por que cada ciudadano participa de la felicidad y gloria de la patria”<sup>02</sup> Se destaca en este párrafo cuál es el sentido de la responsabilidad a que está llamado cada ciudadano y qué se espera de él, y se corrobora con la idea de Patria “está concebida como una noción de carácter político, Patria se identifica con el cuerpo político de los ciudadanos y la vida surge entre ellos”<sup>03</sup>. Desde el momento de asumir el carácter político se puede plantear la interrogante de quiénes son los ciudadanos.</p>
<p>Los movimientos independentistas contarán con una base de apoyo importante, es la aristocracia local la que llevará adelante este proceso y también la que sufrirá el costo de esta empresa. Visto en perspectiva, y con la ventaja que da la distancia en el tiempo, los beneficios de la ruptura con la Metrópolis y asumir la creación de un nuevo orden administrativo fueron inmensos. La adopción de construir una república se enmarca en esta base ideológica ilustrada, donde el <em>discurso</em>, tal como lo demuestra el texto, es el formador del <em>ideal republicano</em>. Lo que se espera de cada persona dentro de este esquema, y algo sumamente importante, quiénes son serán parte de esta idea de República.</p>
<p>Un elemento central en la formación republicana es la Libertad, el autor destaca que se fundamenta ésta en contraste con la opresión y “si existía la opresión era precisamente porque no existían los ciudadanos. La defensa de la libertad de cada uno, su posibilidad de vivir libre de dominación, estriba en que ellos conformen un cuerpo político de hombres libres que se autogobiernan y, de este modo, defiendan su propia libertad”<sup>04</sup>. Surge en este comentario, el concepto de ciudadano y que lleva a Henríquez a definir su complemento, la Virtud. Así el autor comenta “de esta forma, la reflexión del mismo Camilo Henríquez lo conduce al examen del otro gran tema republicano asociado al cultivo de la virtud cívica: la denuncia del vicio y la corrupción. Según el argumento anterior, la experiencia de la libertad política, que instaura la vida republicana, es la que hace surgir la virtud cívica. En contrapartida, el vicio y la corrupción nacen junto con la experiencia de la servidumbre, propia del despotismo”<sup>05</sup>. Esto lleva a preguntarse quiénes califican para ser invitados a sentirse ciudadanos, lo que reafirma Castillo al establecer “de este modo, la ciudadanía deviene una tarea esencial del hombre que, siendo libre, aspira a seguir siéndolo. Ser libre –y permanecer libre– exige ser ciudadano, esto es, exige un sentido fuerte y no débil de responsabilidad cívica. Eso es lo que los republicanos llamaron la virtud.”<sup>06</sup></p>
<p>En sus orígenes se puede visualizar una participación restringida, pero consciente, limitada pero sin cuestionar, ya que los valores y la voluntad de participar dependen del conocimiento, un valor escaso y limitado a un grupo de personas ligadas a la elite de la sociedad. Valores no transferibles a ese grupo de personas identificado como bajo pueblo, en oposición al pueblo real que representa esta vanguardia iluminada. Existe una distinción clara entre los unos y los otros, que en muchas zonas de América será la imagen del conflicto que alterará el desarrollo de esta idea de República, Civilización o Barbarie.</p>
<p>Por otra parte en su libro <em>¿</em><em>Chilenos Todos?</em><sup>07</sup>, los autores Julio Pinto y Verónica Valdivia dan una mirada más profunda a esta situación en la creación de la República de Chile, se visualiza esta distinción en los llamados a crearla y los que son invitados a mirar desde afuera o bien invitados a participar en las huestes de guerra pero no para disfrutar de los beneficios de la “Cosa de Todos”. La disociación se produce desde dentro, ya que la consideración para la creación republicana descansa en valores que se presume están o se desarrollan en un grupo ilustrado. Los conceptos de Vicio y Virtud, que según vimos se asocian a la responsabilidad y a la actitud ante la construcción cultural de la República, establecen una diferenciación casi insalvable. No resulta difícil encasillar a cada grupo en uno de ellos, y cuyo  resultado será la expresión de la exclusión en la participación pensante de este nuevo orden.</p>
<p>El poder la palabra se refleja en una expresión que toma forma en este periodo inicial, el Pueblo y al respecto los autores manifiestan que “lo que interesa aquí, sin embargo, es concentrarse  en lo que por aquel entonces se entendía por Pueblo, y particularmente sobre la inclusión en dicha categoría de lo que hoy conocemos como sectores populares”<sup>08</sup> La riqueza de este texto es que confronta, con gran lucidez, de la que nos tienen acostumbrados, ese elemento que lleva a confusión, el debate se enriquece a la luz de este enfoque, ya que sacude la rigidez del lenguaje en su contexto, porque la autopercepción de los grupos no necesariamente coincide con la nuestra: Lo que para nosotros hoy es una categoría casi sin discusión, salvo la intención ideologizada, la podrán llamar pueblo, gente, comunidad, ciudadanos, pero todos sabemos a quienes se refieren. En este sentido los autores nos ilustran con la mirada que se tenía hacia ese conglomerado de personas “haciendo un balance de todas las incidencias recordadas, se aprecia fácilmente que el acceso del bajo pueblo a la esfera pública no dejaba de suscitar serias reservas entre una clase política todavía hegemonizada por la opinión patricia. En el mejor de los casos, y aun cuando ninguno de los bandos en que ésta se organizaba trepidara en instrumentalizarlos para su propia conveniencia”<sup>09</sup>.</p>
<p>Antes era la monarquía que excluía a todos por un mandato ligado a la tradición y a los teóricos que la ligaban a la renuncia de la soberanía o bien a una extensión de la autoridad dada por Dios. En el nuevo orden es el conocimiento, la afirmación intelectual desde el paradigma ilustrado y el rechazo a la expresión violenta de ella manifestada en la Revolución Francesa y el <em>jacobinismo</em>.</p>
<p>El reconocerse iguales a pesar de las miradas diversas, pero siempre siendo parte de un mismo grupo que en el caso de Chile sentaron las bases divisorias en dos bandos, los conservadores y los liberales, que se opusieron, muchas veces de manera violenta, pero que siempre encontraban el punto de conexión una idea de República donde todos tenían cabida, ya sea dirigiendo o siendo dirigidos, tratando de imponer su mirada particular sobre los demás. Y si a los demás nos referimos, es interesante mencionar su participación en la primera Junta de Gobierno “el encargo riguroso de no dejar pasar a persona alguna que no presentase el billete o esquela impresa de invitación marcada con el sello usado en sus despachos por el presidente y capitán general del reino. Como se dijo estas invitaciones ascendían a un total de 437, en una ciudad cuya población por aquella época se calculaba entre treinta y cincuenta mil personas. El “populacho” en consecuencia no tuvo participación en las deliberaciones, aunque si tuvo oportunidad de aclamar y vitorear a las nuevas autoridades una vez concluida la ceremonia, correspondiendo a éstas el gesto  arrojándole monedas”<sup>10</sup>.</p>
<p>En esta acción se puede visualizar dos cosas al menos, la primera es la limitada participación ciudadana y la  manifestación pública legitimando la reunión y, la otra, sólo como un acercamiento al tema que tratamos es que sucedió lo que se esperaba y me atrevería a consideran que nadie haya cuestionado la exclusión tan abierta y clara al evento en cuestión; el pretender desde lo contemporáneo establecer que fueron discriminados los sectores populares sería no comprender el contexto social y fundamentalmente el contexto ideológico.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Los instrumentalizados de siempre</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>No resulta difícil reconocer que la evolución institucional de Chile tuvo ese escenario descrito, una República autoritaria basada en el orden y la espera muy lejana en que la participación vaya aumentando, a medida que se desarrolla su capacidad para entender el proceso en que discurre la formación de la República, esto según la conocida tesis portaliana.</p>
<p>Si analizamos la construcción de la República podemos argumentar que la mirada de desconfianza hacia los sectores populares no disminuía con el tiempo, al contrario, siempre estaba presente como una muestra de los excesos en que podían caer, a ellos se asociaba otros tipos de vicios que enunciamos antes, si el vicio del ciudadano eran el afán de avaricia y corrupción al bajo pueblo se le sumaba otros, de carácter más peligroso, el criminal y el auspiciador del desorden, al respecto el texto nos ilustra con los siguiente “es vergonzoso para esta capital, que con orgullo podríamos llamarla un pueblo libre y civilizado; es, por último, una horrible mancha para la población chilena, que en esta época de ilustración se permita que las clases ínfimas continúen matándose diariamente, sin que se tomen activas y eficaces medidas para contener su brutal ferocidad”<sup>11</sup>.</p>
<p>La asignación de características brutales a las clases ínfimas no es casualidad, el desarrollo de las Repúblicas americanas correrá por esa disyuntiva mencionada antes –civilización o barbarie– como las categorías que impregnaron el ideario del siglo XIX. El asociar esta criminalidad en la línea de la carencia de virtudes y al carecer de ellas, resultaba imposible desarrollar su condición de ciudadanos dentro del enfoque ilustrado que determinaba el ethos decimonónico.</p>
<p>El sigo XX nos muestra una cara más amable en este sentido, la ampliación de participación se amplía hasta el sufragio universal sin exclusión predeterminada, el paradigma republicano se acomoda a esta nueva realidad, con los nuevos grupos sociales emergentes y las nuevas demandas cambian el escenario de participación. Si en el siglo XIX es la aristocracia la que determina el qué y el cómo, en el siglo XX debe enfrentar nuevas fuerzas que reclaman a través del discurso ciudadano una mayor participación y junto a esto también la posibilidad de generar y poner en práctica sus propios proyectos de qué y cómo. La riqueza del siglo XX radica en esto, como diversos proyectos se ponen en práctica y otros son frustrados.</p>
<p>Como conclusión no se puede desconocer que el proyecto inicial surgido en los inicios del siglo XIX ha tenido éxito a pesar de todos los avances y retrocesos. Existe una República en forma y en constante desarrollo, hay un ethos común donde las personas pueden recurrir en busca de su identidad republicana. No hay cabida a un cuestionamiento para modificar esta forma de organización, lo que no impide tener una mirada crítica a la situación dos siglos después.</p>
<p>Se puede preguntar si ese paradigma de virtud ciudadana está vigente, se puede preguntar si hay varios modelos de República donde cada ciudadano en potencia puede buscar su identidad. Pensamos que existen varios modelos de expresión que no agotan el sentirse parte de una comunidad llamada Chile. Si esto no fuera así no se explicaría como en veinte años, desde 1990 a la fecha el padrón electoral se ha visto estancado, ¿es que no se sienten parte de la nación ese grupo mayoritario de jóvenes? ¿O es que no se sienten representados?.</p>
<p>Cada vez que hay una llamada  a participar para elegir autoridades las miradas se dirigen necesariamente a ese grupo ausente en la legitimación. Surgen los análisis sobre la desmotivación juvenil y los iluminados critican a los jóvenes y a los no tanto, en que no se sienten ciudadanos, que no son parte de la nación, y plantean audazmente, que son ignorantes a voluntad, que no asumen ese rol para decidir el destino del país. Los que estamos en contacto con los jóvenes, sabemos perfectamente que tienen espíritu crítico y propositivo, sabemos que cuando las condiciones están dadas se manifiestan. Si damos vuelta el enfoque podemos visualizar que el discurso y las acciones son las que no convencen, es la idea del sentirse convocado a legitimar eventos cupulares en que no son parte de su gestación. Es no sentirse instrumentalizados cada cuatro años.</p>
<p>La respuesta no la podemos buscar aquí, pero queda planteada y alguien tendría que hacerse cargo. Lo que sí podemos establecer es que si bien ha disminuido la participación ciudadana no ha disminuido la identificación con el concepto Chile, al parecer lo reemplazan otros elementos. La selección de fútbol nacional parece, que de manera coyuntural, reemplaza como elemento vinculante de identificación republicana con mucha más fuerza que la virtud ciudadana</p>
<p>Llama la atención que al leer a los fundadores de la República uno se pregunte cómo se ha devaluado el concepto de participación y que ésta se limite a una convocatoria a legitimar por medio de una votación autoridades que la mayoría no tuvo ingerencia en su nombramiento. Esto me hace pensar que tal vez no haya mucha diferencia entre esta legitimación y la sucedida al término del Cabildo de 1810, sólo que ahora no se arrojan monedas.<br />
<img src="http://www.carcaj.cl/wp-content/themes/carcajcl-theme/images/finale.png"/></p>
<hr />
<ol class="footnotes"><li id="footnote_0_1137" class="footnote"><em>La creación de la República</em>. <em>La filosofía pública en Chile 1810-1830</em>, Vasco Castillo. LOM Santiago 2009.</li><li id="footnote_1_1137" class="footnote">Op. Cit Pág. 24</li><li id="footnote_2_1137" class="footnote">Op. cit. Pág. 25</li><li id="footnote_3_1137" class="footnote">Op.citp. Pág. 32</li><li id="footnote_4_1137" class="footnote">Op.citp. Pág. 33</li><li id="footnote_5_1137" class="footnote">Opp. Cit. Pág. 210</li><li id="footnote_6_1137" class="footnote"><em>¿Chilenos Todos? La construcción social de la Nación</em><em> (1810-1840)</em>, Julio Pinto Vallejos / Verónica Valdivia Ortiz de Zárate, LOM Santiago 2009</li><li id="footnote_7_1137" class="footnote">Opp. Cit. Pág. 25</li><li id="footnote_8_1137" class="footnote">Opp. Cit. Pág. 182</li><li id="footnote_9_1137" class="footnote">Opp. Cit. Pág. 26</li><li id="footnote_10_1137" class="footnote">Opp. Cit. Pág. 228</li></ol>]]></content:encoded>
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		<title>La vida en un hilo y un Estado de mentira</title>
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		<pubDate>Fri, 14 May 2010 02:54:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maria Emilia Tijoux</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento]]></category>

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		<description><![CDATA[El terremoto y maremoto de febrero nos ha marcado a todos, a algunos con pérdidas irreparables. A otras como yo, solo con el efecto de su ruido, su duración y el pánico ante lo inmanejable. Todo lo que aquí se escriba vendrá entonces de ese afuera, salvo mi propio e internalizado temor, abrigado en un Santiago indiferente y distanciado de un Sur atormentado.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>A propósito del terremoto y maremoto de febrero 2010.<br />
</strong>El terremoto y maremoto de febrero nos ha marcado a todos, a algunos con pérdidas irreparables. A otras como yo, solo con el efecto de su ruido, su duración y el pánico ante lo inmanejable. Todo lo que aquí se escriba vendrá entonces de ese afuera, salvo mi propio e internalizado temor, abrigado en un Santiago indiferente y distanciado de un Sur atormentado.<span id="more-970"></span></p>
<p>Dadas las múltiples posibilidades a las que abre lo ocurrido, intentaré en un primer momento referir a los actores más tocados por el desastre, desde la palabra entregada por amigos y amigas de las ciudades afectadas, como por personas que están trajinando en las mismas y que relataron el momento que los sacó inesperadamente del sueño amanecido de febrero, dibujándome la escena de un tiempo disparado de su horizontalidad que tañó en sus cuerpos como un infierno.</p>
<p>En un segundo momento haré alusión a la presencia de un Estado que he llamado –como lo dicen los niños– “de mentira”, pues se desarma en sus supuestas seguridades y verdades que dejaron de manifiesto su incompetencia y su abismal separación con la sociedad. No referiré a lo que ya se ha dicho sobre los impecables periodistas de mercado que hacen salivar a los espectadores iniciando sus programas con el brutal “¿cómo se siente”? Tampoco referiré a los saqueos que fueron primera plana para el Estado y los periodistas que Alimi llama los “nuevos perros guardianes”<sup>01</sup> como un problema grave que solo salva el orden militar y que habiendo estado protagonizado por chilenos(as) varios, hizo regresar a los “infames”<sup>02</sup> que reaparecen como fantasmas en momentos de crisis o de calma, como figuras representadas y pensadas para remitir a este orden tan neoliberal como es el nuestro.<br />
<strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>-I-</strong></p>
<p>El terremoto y el maremoto recién pasado han marcado la vida, estableciendo una frontera entre un antes y un después-de que se revela en las conversaciones, los ordenamientos, los planes, las disposiciones, los proyectos de los individuos, si bien sus múltiples efectos sociales, pero también sus consecuencias políticas –como advierte R. Agacino–, “deben evaluarse enfrentando la opacidad impuesta por la política comunicacional de los dirigentes del país”<sup>03</sup>. Sin embargo, sus secuelas más profundas siguen ocultas en la reciente data que impide salir del trauma. El terremoto claramente  “está aquí”, no se ha ido, e incesantemente retorna en cada réplica que nos estremece y a la que lentamente nos habituamos. Pero mientras este acostumbramiento no sea definitivo, escribir sobre él –a inicios de abril– es una tarea difícil, dado que solo podemos escribirlo <em>a él</em> como presente o como un acecho. Permanecemos alertas con la mirada puesta hacia arriba ante un mínimo movimiento para buscar en los objetos que nos rodean la concreción de la inquietud: cables eléctricos, postes, lámparas, cuadros, estantes con libros o con vajilla que hasta fines de febrero formaban parte de un universo cotidiano incorporado al <em>habitus</em><sup>04</sup>, y que hoy se han convertido en aliados o en indicadores de sismos, en objetos que ‘viven’ y que rearman su relación con nosotros: <em>“a mi me avisa la lámpara porque como tu ves es muy pesada y no se mueve con nada, entonces cuando ella se mueve sabemos que está temblando”</em><sup>05</sup>, o bien: <em>“los cables son lo peor o lo mejor, porque te avisan pero también pueden electrocutarte”<sup>06</sup></em>, o, <em>“Yo coloqué atrás en el estante todas las figuritas que me quedaron y cuando tiembla se mueven tanto y suenan y ahí sabemos que está temblando”</em><sup>07</sup>.</p>
<p>Escribir <em>lo</em> ocurrido es describir al individuo en un espacio especial que fue el suyo, donde vivió, acunó, gozó y en cuyos escombros ahora trajina con el propósito de guardar los restos de lo que ha perdido para recuperar algún pedazo de su vida y evitar la pérdida de un hábito. Necesitamos tener acceso a las cosas que nos hagan reconocernos como grupo, para mostrar quiénes somos cuando el desastre modifica los marcos de la memoria y transforma nuestros recuerdos<sup>08</sup>. Para evitar el olvido, a los pocos días del sismo cuando aún se podían localizar las cosas en los marcos espaciales/sociales que permanecían en la conciencia, muchas personas buscaban en los restos de su casas un pedazo de historia, algo que hubiese resistido: <em>“L</em><em>a gente quería recuperar sus fotografías, para ellos era lo más importante de todo y pedían que las máquinas solo les dieran el tiempo de encontrarlas ent</em><em>re los escombros, </em>al menos una<em>, decían. Pero no les respetaron ese deseo y arrasaron con las casas. La gente solo les había pedido que esperaran un poco antes de demoler todo. Una fotografía, era lo único que querían”<sup>09</sup></em>. Para M. Quezada, quien estaba presente al momento de la demolición, la “demolición” iniciada con el terremoto se había continuado con la demolición de los restos y luego con la prohibición de la búsqueda que ‘demolía’ la historia personal. En suma, todo desparecía con la imposibilidad de encontrar restos para un recuerdo. El derrumbe invalidaba el arraigo con las cosas del orden cotidiano que les permitiera después “decir” la historia.</p>
<p>El desastre que hirió particularmente a dos regiones del país derrumba también la estabilidad material y emocional que sostiene con la vida. La casa por ejemplo, ahora en el suelo, que ha sido el sueño de la fijeza, un lugar particular de secretos bien guardados, un segundo cuerpo de la felicidad del estar-juntos, al derrumbarse materialmente puede incluso volverse una enemiga que expulsa a sus habitantes: <em>“ahí está mi casa la que tanto nos costó construir, ahí trabajó mi abuelo y mi padre para la familia y ahora usted ve, no podemos ni entrar porque se nos puede caer encima, la miramos de afuera no más y cuando entramos lo hacemos con el alma en un hilo”</em><sup>10</sup>.</p>
<p>La relación con la vida para los hombres y mujeres del Sur que vivieron lo más duro de este sismo parece haber quedado frágilmente sujeta a unos cuantos hilos de apoyo que parecen sostener, -como el pedestal quebrado en las alturas de la iglesia de mi barrio- a un Cristo que se equilibra <em>“salí corriendo hacia la calle. Mi pololo me detuvo cuando iba a salir y la muralla cayó ante mí, fue él que me salvó la vida. Nada será ahora como antes, nada”<sup>11</sup></em>. Después del terremoto solo importa saber de la vida de los que amamos, de los conocidos y los desconocidos: <em>“solo quería saber, saber de mis padres, de mi gente, de los vecinos, saber si estaban con vida”</em><sup>12</sup><em>. </em>Nunca antes habíamos referido <em>a la vida</em> con tanta emoción y urgencia, a la vida de uno y a la vida de los seres cercanos, a la vida sentida como un bien escaso.</p>
<p>Fue en torno a este deseo de vida que muchos lazos de solidaridad espontánea llegaron  para ayudar, proteger, abrazar, curar o llorar con quienes sufrían, haciendo Surgir los primeros y principales apoyos, esos que se producen entre los habituados al sufrimiento y a los golpes. De los esfuerzos de esta organización social que se dieron en el Sur poco se ha dicho, de las ollas comunes, de los vecinos damnificados albergados en casas aledañas que se iban llenando de colchones regalados por la misma gente, o de las farmacias que se armaron espontáneamente en Concepción. Al respecto dice T. Mosciatti: <em>“Está el alcaide de Lebu que no tenía instrucciones en caso de terremoto, que no sabía nada, pero engrilló a los presos de a dos y corrió con ellos hacia el cerro. No se salvó él, los esperó a todos y está el caso del alcaide de Constitución que no supo qué hacer y los soltó y se quedó con las armas y ahora dicen que lo van a echar porque se perdió el otro día. No sé si estaba loco con lo que había pasado, pero están estos casos en que la gente veló por la vida de otro, incluso, con los presos y digo incluso, porque normalmente los miran en menos”</em><sup>13</sup><em>.</em></p>
<p>En Santiago, pudimos ver un trabajo solidario en varios frentes, los que organizaban los empresarios dueños de los medios de producción y de comunicación, los de la farándula que lucían sus mejores prendas y otros del mismo alcance cuyas ganancias iban a las mismas cuentas difundidas por la televisión. Pero pudimos ver también a estudiantes, pobladores, personas organizadas que en poco tiempo lograban reunir dinero, materiales, víveres, que partían directamente a lugares que recibían las donaciones.<br />
<strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>-II-</strong></p>
<p><strong></strong></p>
<p>En unos pocos minutos el Estado chileno del Bicentenario se ha vuelto de papel, en toda una “mentira” dibujada en las escenas del post-terremoto. Y aunque hace ya mucho que se ha retirado de lo social, se muestra enteramente en los hechos de la incapacidad de respuesta que hizo añicos la confianza ciudadana. Cientos de vidas se perdieron en el mar con la gigantesca ola que arrasó la zona costera. Las instituciones fallaron del modo más brutal cuando las autoridades marítimas no dieron la alerta respectiva para que la población subiera hacia los cerros, salvándose solamente quienes por intuición o por conocimiento de la zona lograron escapar. Al día siguiente la Presidenta Bachelet reconocía públicamente que se había cometido un error, pues no se había entregado la  información oportuna que advirtiera de un posible maremoto<sup>14</sup>.</p>
<p>Esta inoperancia de absurdo centralismo frente a un desastre que afectó a localidades ubicadas a 500 kilómetros de Santiago se hizo mayor con la ineficiencia de una telefonía celular que dejaba de funcionar cortando toda posibilidad de comunicación en el país, dando cuenta de una tecnología de pacotilla de “celulares de palo” que no servían para nada y que habrían sido indispensables a la hora de salvar y de saber de las vidas. Carabineros tampoco tenía medios para comunicarse. En pocos minutos la estafa del Chile emergente de los Tratados de Libre Comercio y del “jaguar” orgulloso del ingreso a la OCDE se desarmaba. La incomunicación era absoluta y el ridículo se hacía ver cuando Hillary Clinton, la invitada de honor que inauguraba el “turismo-desastre” regalaba aparatos satelitales que sí funcionaban; o el Presidente de Bolivia donaba su salario a un Chile económicamente triunfador, o mientras el Presidente Lula declaraba que desde el primer momento había planteado enviar ayuda, pero desde Chile no decían cuáles eran las necesidades, al igual que el Presidente peruano que había propuesto personal de búsqueda que no fue considerado necesario. Las autoridades salientes y entrantes sobrevolaban el territorio antes de resolver las urgencias quizás sin pensar que sismos como el que vivimos cortan los servicios básicos y que en el Sur el tiempo es frío. La gente necesitaba agua, comida y abrigo inmediatamente después, sin embargo todo tardó, aumentando la desesperación de las personas y produciendo un caos que mostraba la falta de Estado.</p>
<p>En el Sur, el sufrimiento se ha desatado lejos de los ojos de la capital. El caos provocado por el Estado y sus ineptas instituciones han generado una extraña calma protagonizada por quienes esperan soluciones. Podríamos haber imaginado que los desajustes que provocaron las muertes traerían consigo una rebelión generalizada que diera rienda suelta a una rabia emanada del dolor y el sufrimiento. Los cadáveres aún no aparecen, el mar parece haberlos capturado una vez más y el atrevimiento del poder de los médicos autoriza el traslado de una niña muerta como si fuese un ‘bulto’ en un bus. Las cabezas siguen gachas, los ojos siguen llorosos y las voces se alzan para reclamos y peticiones. ¿Nos ha ganado el miedo? ¿Dónde está la fuerza tan “gallarda y belicosa” que surge en los estadios y en las fiestas de la Patria? A lo mejor las luchas colectivas y los movimientos sociales que otrora movieran a la sociedad se han ido quedado en cuanto golpe nos han dado. Y no cabe duda de que éste es un golpe más del cual no solo la naturaleza es responsable.</p>
<p>Por otra parte lo que <em>ha pasado</em> y que <em>aú</em><em>n no pasa</em> no es algo <em>sentido</em> por todos a pesar de tantas palabras vacías, pues ha pasado en-otra-parte. Visto desde Santiago el terremoto y maremoto ha ocurrido en un <em>afuera</em> lejano a este centro administrativo que estalla de tanta gente que se acumula. Entonces, distintas voces hablan <em>de lo que pasó</em> en un <em>allá en el </em><em>Sur</em> que supuestamente acá no nos toca. Pero Santiago ha debido mostrar en su lado ‘medio’ que algunos edificios recuerdan a las ‘casas de nylon’ que se deshacían con la primera lluvia y los automóviles aplastados atestiguan de la suerte tardía del sismo y de la estafa inmobiliaria. Los propietarios de las constructoras/inmobiliarias no temen a nadie y con desparpajo les aseguran a quienes quedaron en la calle, reparar lo que a vista de todos, se cae. En el lado ‘bajo’ de Santiago, la cantidad de escombros acumulados muestran su vejez y la pobreza de las casas. Algunas se derrumbaron completamente, otras en parte, angustiando a propietarios y arrendatarios de recursos escasos, otras permanecen a medio caer expulsando a inmigrantes, estudiantes y trabajadores que pagaban por piezas de miseria. Esta “miseria del mundo” como diría Bourdieu, no refiere solamente a una pobreza que ya nada explica, sino a una <em>condición</em> generalizada que atañe a un mercado sediento de dinero que atrapa a todo trabajador que gane muy poco, poco, un poco mas, o más, pues  sigue siendo un trabajador que no habita en el lado ‘alto’, allí donde <em>nada</em> ocurre pues es <em>pura</em> seguridad. Como vemos, para nosotros, los seres ordinarios, solo cambian las <em>situaciones</em> geográficas y escénicas más familiares<sup>15</sup>.</p>
<p>Hemos vivido un desastre natural supuestamente imprevisible, pero los terremotos son previsibles en este Chile hasta para quienes ignoramos la sismología, -cuestión de sacar cuentas-, aunque la previsibilidad del maremoto sigue en pié como para pedir cuentas. Hemos vivido la arrogancia tecnocrática de una pretendida felicidad demagógica y una seducción mercantil que vende lo que se desploma a una parte mayoritaria de la sociedad. Pero seguimos viviendo como un mundo social atrapado en un dejarse-hacer y un dejarse-llevar por quienes mueven las riendas de un carruaje al que no todos se pueden subir. Tenemos conciencia de que la vida es dolorosa pues está llena de sufrimientos como este que nos agobia y nos sobrecoge, pero ella también puede ser gozada cuando colectivamente buscamos los medios de preguntarnos porqué nos pasa lo que nos pasa y que podríamos hacer para cambiar lo que tanto nos ha dañado y al mismo tiempo transformado.<img src="http://www.carcaj.cl/wp-content/themes/carcajcl-theme/images/finale.png" alt="" /></p>
<p style="text-align: right;">Texto aparecido en <em><strong>El terremoto social del Bicentenario</strong></em> (Silvia Aguilera, Editora), LOM, mayo de 2010. 274 págs. <img src="http://www.carcaj.cl/wp-content/themes/carcajcl-theme/images/finale.png"/></p>
<hr />NOTAS:</p>
<ol class="footnotes"><li id="footnote_0_970" class="footnote">Los nuevos perros guardianes. Periodistas y Poder</li><li id="footnote_1_970" class="footnote">Digo infames en el sentido de Foucault.</li><li id="footnote_2_970" class="footnote">Agacino, Rafael., « Son culpables, y con dolo », en Nexos, 8 de marzo 2010.</li><li id="footnote_3_970" class="footnote">Dicho brevemente como “lo social incorporado” según P. Bourdieu</li><li id="footnote_4_970" class="footnote">Iris, Marzo 2010.</li><li id="footnote_5_970" class="footnote">Jorge, Marzo 2010.</li><li id="footnote_6_970" class="footnote">Amelia, Marzo, 2010.</li><li id="footnote_7_970" class="footnote">Les cadres sociaux de la mémoire</li><li id="footnote_8_970" class="footnote">Margarita Quezada, Directora de la Escuela de Trabajo social de la Universidad Católica de Santiago, a propósito de lo que pudo conocer inmediatamente después del terremoto del sur, donde se trasladó a trabajar con un grupo de profesionales y estudiantes.</li><li id="footnote_9_970" class="footnote">Doris, marzo 2010.</li><li id="footnote_10_970" class="footnote">Silvia, Marzo, 2010.</li><li id="footnote_11_970" class="footnote">Jorge, Marzo, 2010</li><li id="footnote_12_970" class="footnote">El ConceCuente</li><li id="footnote_13_970" class="footnote">Cronología de errores Tsunami en Chile, (Diario El Mercurio). 03:34 Se produce el terremoto, 03:44 Servicio Geológico de EE.UU. (USGS) emite alerta de tsunami para Chile, 03:55 SHOA (Armada) comunica verbalmente a la ONEMI que existe alerta de tsunami, 04:07 SHOA envía primer fax a la ONEMI. &#8220;Condiciones pueden generar tsunami. Se desconoce si se ha producido. Mantendré informado&#8221;, 04:10 C. Fernández, jefa de la ONEMI confirma una muerte. No habla de alerta de tsunami, 05:00 Bachelet llega a la ONEMI, 05:00 Según informe posterior de la Armada, a esta hora habría llegado a las costas primera ola del tsunami, &#8220;de mediana intensidad&#8221;, 05:20 Bachelet habla con el jefe de turno del SHOA. En esta comunicación se habría señalado que el epicentro fue en tierra y que no debería haber tsunami, 05:22 ONEMI: no hay peligro de tsunami en ninguna zona del país, 05:30 A esta hora habría llegado la segunda ola, según el informe, de &#8220;muy fuerte intensidad&#8221;, 05:40 Bachelet habla: confirma seis muertes y pide calma. No menciona aspectos referidos a un tsunami o a una alerta, 05:48 USGS: el terremoto generó un tsunami que puede haber sido efectivo cerca al epicentro, 06:05 A esta hora, una  tercera ola, de &#8220;fuerte intensidad&#8221;, habría llegado a las costas, 06:26 Segundo fax del SHOA a la ONEMI: el terremoto es &#8220;de magnitud suficiente para generar tsunami&#8221; y &#8220;hay variaciones leves del nivel real de la marea observada&#8221;, pero &#8220;estas condiciones no generan olas destructivas&#8221;, 06:29 ONEMI vuelve a descartar la posibilidad de un tsunami, 06:55 Presidenta confirma 16 fallecidos y ola gigante en Juan Fernández. &#8220;Por ahora no habría riesgo de tsunami&#8221;, dice, aunque recomienda huir a las partes altas de la costa en caso de réplicas, 07:34 Tercer fax de la Armada a la ONEMI. Dice que &#8220;pasadas tres horas, las variaciones de la marea fueron notables&#8221;. Texto habla de tres olas entre Valparaíso y Talcahuano, y que &#8220;la magnitud de segunda y tercera onda fueron más amplias de la primera&#8221;, 09:00 Presidenta señala que se descartó la alerta de tsunami, pero que se esperan olas de gran tamaño en Isla de Pascua.</li><li id="footnote_14_970" class="footnote">La misère du monde</li></ol>]]></content:encoded>
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